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El sótanu del paraísu... 
Escrito por Sumiciu el martes 8 mayu de 2007

Estaba hasta los huevos de aguantar todas aquellas horas encerrado, el autobús no llegaba y me temía serias perturbaciones a lo largo del camino. Adoptaba mi posición de ausente con lugar reservado en la cola y empezaba a construir mi burbuja típica de aquellos momentos.

Echaba un ojo alrededor, entre el sopor, a la búqueda de novedades. Ella me llamó la atención, en un sillón del coche que estaba esperando en el andén charlando alegremente con una amiga.

No tardó ni un segundo en llamarme la atención, sus gestos delataban una naturalidad desconocida, su sonrisa parecía sincera y en sus movimientos no medía ni un sólo guiño en cuanto quería exteriorizar. No se estaba quieta, se movía como mil demonios, pero despedía un "buen rollo" que no era capaz de ponerme nervioso (a mí, rey de los amasijos de nervios y otras hierbas de comerse crudas).

Había un cristal de por medio, un ambiente distinto y una escena diferente por lo que la conversación, obviamente, me resultaba lejana, ajena y sorda. Pero a simple vista, y a pesar de las dioptrías se hacía entender y me comunicaba más que la macedonia de carteles que hacían de fondo de foto con frases que pretendía persuadirme y engañarme abiertamente con el fin de que tomase el dichoso camino a la caja y depositase en ella los últimos gramos de confianza. Mi preciosa confianza.

Ella sabía, reir, hacerse la sorprendida, llamar la atención, darle un toque de color y movimiento a todo lo que había alrededor. A pesar de no ser un diez de expresión, un cánon isométrico o una pierna demasiado larga.

Mientras yo, colapsado en mi cara de pócker, perdido a nivel de expresión entre la muchedumbre aletargada. Manteniéndome en la mesura correcta que mándan las leyes del buen gusto y la no cooperación personal, luchaba como cada día por mantenerme desapercibido y no exteriorizar. Como aquella inmensa aglomeración de puntos negros, como aquel ejército de soldados sin gusto ni reacción aparente que tomaban cada día las calles en perfecta formación marcial y cabeza baja.

Nosotros, discapacitados para pronunciar una sonrisa sin la menor razón aparente. Nosotros que juzgamos por el discutible don que nos otorga la razón. Nosotros, de cromosomas contados y perfectos...nosotros, todavía tenemos la cara dura de llamarlos subnormales...

Maldita normalidad la que nos atraviesa.

Escrito por Sumiciu el martes 1 mayu de 2007

Yera intenso, frío y caliente al empar y con un tufu reciente a resaca.

Y yo perdíu, naquella erma caleya enllena xente na que apretaba les piernes colos brazos faciendo nuna versión embarazosa d'un abrazu con migo mesmu. La cabeza daquella, metida nun carrusel, esbarriando, esnidiando y esmurciendose dafechu y ensin facer ruíu per l'alcantariella que topara más a mano.

Ví entós el to nome escritu na puerte del chigre aquel, enfoteme n'esgatuñalu una vuelta y otra vuelta; hasta que vencíu, volví a recoyeme enriba d'aquel fríu con tastu a llábana. Cegábenme les lluces, xelábenme les manes y traicionábenme los pies. Ellí, aseláu per fuera y esmolecíu per dientro, rumiando el restu de les veles marrones que tuve prendío esa nueche y apañando del suelu les uñes que dexara.

Nún despiste, daqué bañao en fueu travesó l'horizonte; rompío darréu les llínies que lu debuxaren como recuerdu inhóspitu de fueyes de cuentos ensin términar que prendíen nel sitiu del cuadru reserváu pa la lluna.

Nun duró una milésima, nun escaleció l'ambiente más qu'ún míseru segundu. Nun esborró los cristales que campaben pela mio cabeza.

Quiciás, a lo menos, tengo el recuerdu prestosu de que faciendo alcordanza el cielu presentose encesu. Otra vuelta, pela sienda los ferviatos máxicos y les herbes maxinaries, a falta llogros, quedábame daquella con semeyes guapes coles que decorar los muros de les llamentaciones postreres.

A falta un llogru, de semar los llabios en tierra, sigo pintando con colores guapos cada cuadru narcóticu. A falta yo poder fundime, va fundise'l misteriu.
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Escrito por Sumiciu el xueves 26 abril de 2007

Las horas pasan paso a paso y en cada paso una batalla. Son horas lentas cuando toman sabor amargo y haces de luces envenenados cuando acaricias el dulce con la mirada. Y, a intervalos, pasamos factura y balance de daños.

Algunos queremos creer, mantener la adolescencia intacta y rozar el síndrome de Peter Pan aferrándonos a la ingenuidad y a los puzzles de sueños rotos. Sueños de cristal que resquebrajamos de un puñetazo airado, periódicamente, al darnos cuenta de que no salen las cuentas.

Llega un momento en el que comprobamos que no nos salen las cuentas, que la reacción no corresponde a la acción y nos camuflamos bajo la careta de la cara de gilipollas que le queda a uno cuando sabe que no obtiene lo que merece. Llega el momento de cogerlo todo, meterlo en un saco y mandarlo todo a la mierda. Porque, por mucho desinterés que queramos encerrar, por mucho trabajo gratuito y sonrisas gratis; quien más y quien menos necesita su ración...recoger los besos, las miradas, los abrazos que intentaste semblar, soñar por una vez que se recibe todo aquello que no fuimos capaces a pedir.

A menudo, “ellos” se llevan la gloria, la justicia nos traiciona y nos devuelve la puñalada trapera. A menudo todo parece siempre igual; a menudo perdemos la noción del espejismoq ue da sentido a las cosas...y las cuestiones elementales atacan. Y nos asalta el ¿para qué?

Las luchas no tienen sentido, quizás lo único que tenga un mínimo de sentido sea el vivir luchando. Aunque nunca saldemos las cuentas, aunque luche por tí, al tiempo me ampute al exterior y acabe doblando las sábanas de la cama. Aunque no acabe las frases que empiezo contigo....Aunque nos quiten lo que es nuestro y además tengamos que agradecérselo, aunque la pólvora acampe en las entrañas y se cubra de polvo....aunque tengamos que ver como la mierda a menudo sobrepasa cabezas.

Las victorias son pocas, y muchas veces hay que contentarse con celebrar con una sonrisa alguna victoria ajena, o quizás tuya también...porque es justicia, porque se ha convertido, tristemente, en anormal que ganemos una guerra. Y es cuando me doy cuenta de que me he dejado el corazón en cualquier rincón y la memoria en la Plaza de Buenos Aires, de la misma patria que marca la tierra regada con nuestra sangre; porque ahí nuestra memoria, la que aquí se nos niega, sigue viva. Y mi pasión en vuestras manos que se acarician, porque yo sé que tenía (teníamos) razón, aunque mis esfuerzos fueran en baldre y lo entregase todo a cambio de nada. Así se hace todo más placentero cuando me acuesto con la mala suerte y me levanto con la venda en los ojos. Porque me queda el consuelo de que aunque sea lejos, y por un momento efímero...todo funciona como debiera.

Porque la vida es un jodida lucha, y (a NOSOTROS) casi siempre nos toca perder; sea en el campo de batalla, o en cualquier habitación....ser adolescente siempre, es como vencer. Y quieras que no, sé lo que me digo.
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Escrito por Sumiciu el sábadu 14 abril de 2007

Hai xente que siempre odiamos los puntos d'inflexón, h.ódemos pasar de lo malo conocío y, munches veces, asina nos lluz el pelu...entá con ello, y reconociéndome per un llau d'esa triba, les más de veces pienso que nun hai cristo que aguante en llínia recta bien de tiempu; faennos falta curves, subíes/baxaes, poner el pelleyu pita y tiranos al vacíu (anque nos entre l'acoyone al ponenos n'arba y ver caer les piedres al abismu).

Toca mudanza, personalmente tócame coyer el toru un poco más polos cuernos; alcordame namás la mio familia cuando toque parada programada nel servidor y perder unes cuantes hores más dexando detalles al mio presto.

Valme de puta madre como metáfora, hai coses que tan cambiando, hai mieu, ganes, proyeutos ya coses abondes na recámara. Munches, pa nun perder la costume, quedaránse garrando polvu no fondero la mio memoria, el restu como esto, pasín a pasín y medio cimblando.

Si ye que cuando l'hestoria principal te da de llau, lo meyor ye contar (o montate) la tuya propia. Pa que nun s'escaeza que, anque nos tienen aparte, seguimos contando...
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