Escrito por Cronos el miércoles, 9 de diciembre de 2009
El emisario de Doh.
Hacía dos días que habían encontrado a Mirko huyendo de aquel grupo de lagartos y Saryon había tenido tiempo de pensar muchas cosas. No sabía qué estaba pasando, pero sí sabía que iba a ser un grave problema para todos. Alguien estaba confundiéndolos desde el propio senado, o eso parecía. Su viaje al norte había sido una forma de desviar su atención, probablemente con la intención de alejarle de Isvar o de acabar con su vida. Quién sabe qué más habían intentado los que estaban haciendo eso, y peor todavía era lo que podrían haber conseguido. Iba a arreglar aquello como hiciese falta, pero si alguno de sus amigos había caído víctima de una trampa similar a la que le habían tendido a él, entonces su sentido de la piedad iba a verse muy atenuado durante un tiempo. No podía permitir que Isvar cayese en manos de traidores y conspiradores. Los que habían luchado en la guerra no merecían tal insulto a su sacrificio. Y estaban aquellos malditos lezzars. Cada vez eran más descarados, cada vez atacaban más al sur, y con más fuerza, y nadie sabía de dónde salían. Alguien estaba controlándolos, organizándolos, y eso empezaba a hacerles temibles. Si lograban cruzar los puentes, comenzarían a tener problemas serios en la misma península. Eso era algo que tampoco podían permitirse ahora. Había que arreglar la situación, y sabía los pasos que tenía que dar para lograrlo.
Por si todo ello fuera poco, las palabras de Mirko habían sido aun más intranquilizadoras. Había hablado de un ser llamado Ovatha. Según sus palabras esa Ovatha era la que lideraba a los reptiles. Además, le había hecho algo horrible. Este extremo era evidente, pues la piel de Mirko se había vuelto extraña, como metálica. Sus ojos, sus manos, su manera de moverse, todo recordaba a uno de esos lagartos. Pero no era un lagarto, él era, o más bien había sido, humano.
Mirko se había pasado los dos últimos días dormido, callado, o comiendo de forma voraz, hasta el punto de que las provisiones que llevaban se estaban agotando. A cualquier pregunta respondía con un gesto o con monosílabos. Parecía haber algo que le hacía sufrir enormemente, pero sus conocimientos sobre curación no le permitían dar ni con el origen ni con el remedio de sus males. Cuando llegasen a Vallefértil tendría tiempo de hablar con él sobre lo que les había contado. Mirko necesitaba descansar. Lo primero era asegurarse de su supervivencia.
Avanzaban por las colinas del norte de Isvar, ya dentro de la propia península, atravesando un pequeño bosque en una ladera. El tiempo volvía a ser casi veraniego, y el sol lucía en lo alto, aunque las ramas de los ancianos robles que les rodeaban impedían que el sol les hiciese el viaje incómodo. Adrash iba en cabeza, sobre su ligero caballo pardo, mientras que Saryon llevaba a Mirko a la grupa de Irwen, mucho más grande que el caballo de Adrash. Avanzaban por un camino ancho y bien cuidado que cruzaba el bosque. La ruta había sido abierta por los ejércitos de Oriente después de que construyeran los grandes puentes, y llevaba directamente del más oriental de éstos a la norteña ciudad de Vallefértil, una de las más prosperas de toda Isvar, y uno de los mayores centros de comercio de la península.
-Gracias.- Aunque su voz era débil, Mirko parecía haberse recuperado bastante bien, y hablaba lo suficientemente alto como para que Adrash le oyera. El caballero del Fénix ni siquiera giró la vista ante el agradecimiento. Saryon sabía que Adrash no había arriesgado su vida por ayudar a Mirko. Lo había hecho por su odio a los lezzars. Aún así, Saryon suponía que si Mirko no estuviese en peligro quizá no hubiese atacado.
-No tienes por qué darme las gracias, Mirko. Te ayudamos porque era nuestro deber, nada más. Y si llego a saber que eras tú, hubiera atacado con más ahínco si cabe.- Saryon le habló sin detenerse, mirando hacia delante.
-Os doy las gracias porque me habéis ayudado. No importa por qué lo hicisteis.
-Entonces, acepto tu agradecimiento. Parece que te encuentras mejor, ¿es así?
-No lo sé. Hace demasiado tiempo que no sé en qué consiste sentirse bien.
-¿Ovatha?
-¡No pronuncies ese maldito nombre!- La voz de Mirko se volvió más crispada, como si algo le estuviese haciendo mucho daño.- Sí, fue ella. Ojalá reciba el más horrible de los castigos.
-¿Quién es ella? ¿Y qué fue lo que te hizo?
-Ella es... no sé lo que es, sé lo que fue para mí. Sólo una voz dulce. Nunca la vi, solo la oí en mi mente, hablándome con su voz suave e hipócrita, dejando en mí la simiente de otro ser, intentando matar mi voluntad y mi conciencia con dolor. Lo consiguió por un tiempo, y quién sabe si lo conseguirá otra vez. No sé por qué lo ha hecho, ni cómo es, ni qué es, pero sé que si te dejas atar por sus lazos eres su marioneta, su esclavo fiel y convencido de que lo mejor que te ha podido pasar es poder servirle, matando… robando vidas… Sólo los dioses saben cuánto la odio.
-¿Es ella quien manda en los lagartos?- Adrash paró su caballo, giró la cabeza y miró a Mirko a los ojos. Saryon pudo ver algo de compasión, de comprensión, en su mirada.
-No lo sé. Es posible… ella me entregó el mando de los que me perseguían, no sé si para vigilarme o para que los usase como arma, pero podía ordenarles lo que quisiera sin siquiera abrir la boca. Sólo pensaba lo que debían hacer, y ellos lo hacían. Era como si su voluntad fuese mía. Cuando conseguí liberarme de Ovatha, me atacaron, y eché a correr. El resto lo conocéis.
-Es extraño eso que cuentas. Pero puedes contar con un amigo. Yo soy Adrash Ala de Fuego, Caballero del Fénix.- La mirada de Adrash era extraña, solemne. Daba la impresión de que estaba entregando algo más que su confianza a Mirko.
-Gracias de nuevo. No sé por qué me ayudas, pero gracias.
-Estoy pagando una deuda, una deuda conmigo mismo. Llevo mucho tiempo haciéndolo, y aún me queda mucho por pagar.-Saryon y Mirko miraron a Adrash con extrañeza. Estaba terriblemente serio, su sonrisa irónica había desaparecido por completo.- Algún día os contare de qué hablo. Ahora no es el momento.
-Algo se acerca.- Mirko miraba hacia arriba.
-¿Qué? ¿Cómo lo sabes?-Adrash comenzó a mirar hacia arriba también, mientras con la mano izquierda cogía el arco. Sobre ellos, algo extraño, parecido a una neblina con un brillo metálico, se movía entre las ramas de los árboles.
-Hey hey hey hey hey guarda eso narmadiano... ¿o se dice narmadiense?- La voz, que hablaba rápida y atropelladamente, tenía un tono chillón y metálico. Parecía provenir de muchos sitios a la vez. Saryon sonrió.
-Wis’iw’ig, maldito bichejo, para ya de moverte o vas a asustar a mis amigos.- El tono de voz del caballero era condescendiente, como si estuviese hablando a un niño pequeño.
-Pues harían bien en asustarse. Al fin y al cabo, soy un dragón. Y muy pero que muy anciano.
-Seguro que lo eres, aunque tu apariencia no coincide con la idea que mucha gente tiene de lo que es un dragón.- Saryon rió.- Sobre todo por el tamaño.
De pronto, la neblina se paró sobre el casco del caballero. La criatura tenía la forma de un reptil alado, no mayor que un águila, de color plateado claro y muy brillante. Se quedó unos segundos mirando a Adrash y a Mirko. A pesar de sus facciones de reptil, su rostro era sumamente expresivo. Los miraba con un gesto entre la impaciencia y la curiosidad, pasando la mirada de Adrash a Mirko a toda velocidad.
-Qué, ¿soy un dragón o no soy un dragón? ¡Vamos!, ¡contestadme!, ¡no tengo todo el día!
-Se podría decir que… ¿sí?…- Adrash miraba aquel ser con extrañeza.
Wis’iw’ig se trasladó en un solo instante a la cabeza de Irwen, la yegua de Saryon.
-¿Lo ves? ¡Soy un dragón!- Irwen estornudó cuando la cola de la criatura le rozó el hocico.-Vaya yegua maleducada, siempre me hace lo mismo…
-Me imagino que habrá un motivo para que estés aquí… ¿acaso él está despierto?
-¿Quién, Doh?, pues sí, sí, está despierto, y bastante inquieto. Por eso he venido. ¿Te lo imaginas inquieto? No hay quien aguante en esa cueva…
El rostro de Saryon se ensombreció. Si Doh estaba despierto es que iba a haber problemas, y muy grandes. Últimamente todo eran malos presagios.
Ahora la yegua movía la cabeza arriba y abajo, a la vez que intentaba mordisquear la cola del pequeño dragón. Obviamente, estaba incomodada por la presencia de la criatura, aunque no asustada.
-Por cierto, soy un maleducado, aún no me he presentado… Hola, soy Wis’iw’ig. No me digáis vuestros nombres que ya los sé…y Doh me ha enviado a buscaros… o más bien a buscar a uno de vosotros.
-¿A quién quiere ver?-Saryon seguía observando a Wis’iw’ig, pero ahora no sonreía como antes.
-A Mirko. No me preguntéis el motivo, lo desconozco, pero quiere verle, y no le gusta demasiado salir de su casa. Yo creo que es porque ese viejo dragón chiflado no es capaz de levantar el vuelo, pero bueno. Si él quiere verte seguro que es por algo, Doh no se despierta con tanta facilidad.
-¿Un dragón?- Adrash sonrió irónicamente mientras miraba a Mirko, que parecía ausente.
-Sí, un dragón, Doh es un dragón, un dragón-dragón.- Wis’iw’ig decía esto mientras daba vueltas alrededor de la cabeza de Adrash.
-¿Un dragón como tú?
-¡No seas estúpido! Yo no soy un dragón, soy un pseudodragón. Doh es un Dragón.- Wis’iw’ig remarcó mucho la palabra dragón- De los de verdad, de los grandes y poderosos, y él, especialmente grande y especialmente poderoso. Creo que no sale de su cueva porque no cabe por la entrada, aunque podría llegar a ensancharla si se empeña en salir.
-Dile que iré.-Mirko seguía ausente, y dijo estas palabras sin siquiera mirar hacia Wis’iw’ig, que al momento estaba manteniéndose en el aire ante sus ojos.
-Muy bien, muy bien, pero ve rápido. A Doh le enfada estar despierto.
-Iré en cuanto me sea posible. Estoy débil.
-Mmmm vale. Bueno, yo ya he hecho mi trabajo. Saryon te indicará a donde ir. Ya nos veremos. Por cierto, Saryon, creo que deberías ir cuanto antes a Vallefértil. Hay muchas cosas que debes saber y aún no sabes. Espero que las noticias no sean muy duras.
-¿Qué noticias?
-No me toca a mí contártelas, Saryon, ya te enterarás cuando llegues. Eso sí, intenta llegar antes del anochecer.
Tan rápido como había aparecido, Wis’iw’ig desapareció.
-Rayos, ¿qué será eso de lo que me tengo que enterar?
-¿Un dragón? ¿Realmente ese Doh es un dragón?-Adrash seguía sonriendo, incrédulo.
-Sí, sin duda lo es. Un dragón muy grande y muy anciano, además, y con muy mal genio.
-Pareces preocupado, Saryon. O mucho me equivoco o ese dragón no es peligroso...-Mirko seguía con la vista fija en el horizonte.- Y Wis’iw’ig no parecía el ser más fiable del mundo.
-No, Doh no es peligroso, a no ser que logres enfadarle, cosa complicada por otro lado. Lo que me preocupa es que esté despierto. Cuando estuve en su guarida, hace unos años, durante la guerra, supe que llevaba casi un siglo durmiendo, y se despertó porque vinieron los orientales. Creo que si ahora está despierto es porque algo importante y desagradable va a ocurrir o está ocurriendo. Además, Wis’iw’ig es un ser muchísimo más venerable de lo que aparenta, y puede que hasta más anciano que el mismísimo Doh. A pesar de que parezca excéntrico, no lo es. Le considero un buen amigo y un gran aliado. ¿Comprendes ahora el porqué de mi preocupación?
-Lo que no entiendo es por qué me busca. Aunque supongo que mientras no llegue no lo sabré.
-No tengo ni idea, la verdad, pero si te va a recibir en su guarida es por algo importante.
-Iré contigo si no te importa, Mirko. Necesitarás protección si vas a viajar hasta allí. Y algo me dice que no va a ser un viaje del todo agradable.- Adrash volvía a estar serio.- Además, seguro que Saryon se pasa el próximo mes con politiquerías, y eso no me va a agradar, seré de más utilidad viajando contigo a la guarida de ese dragón. Y no lo voy a negar, también siento curiosidad.
-Por mi parte no hay problema.
-Harás bien en ir con él, Adrash. Cada vez estoy más seguro de que no voy a tener tiempo para casi nada en los próximos días. Os indicaré como llegar a la guarida de Doh y continuaré el camino lo más rápido que aguante Irwen. A un par de horas de aquí, hacia el sur, hay una posada. Allí podréis comprar un caballo para Mirko.
-No tengo dinero para un caballo. La verdad es que no tengo dinero ni para una comida.
-Eso no es problema, creo que te debo cinco años de soldada, ¿no?-Saryon le tendió una bolsa. Mirko la cogió, dubitativo.
-Gracias de nuevo, Saryon, algún día te lo devolveré.
-No hará falta, Mirko, me temo que el dinero va a perder mucho valor en los próximos tiempos, si es que alguna vez lo tuvo. Si mis sospechas son fundadas, lo que hará falta son brazos fuertes y hábiles.
-Espero que te equivoques.
-Yo también lo deseo, pero me temo que estoy en lo cierto. Los malos augurios son los que siempre se cumplen.
Tras describirles Saryon como llegar a la guarida de Doh, los tres se despidieron, estrechándose las manos de manera intensa y solemne. Todos eran conscientes de la gran importancia de los asuntos que estaban tratando.
Al cabo de un rato, Saryon cabalgaba en dirección a Vallefértil mientras que Mirko y Adrash caminaban hacia una entrevista que, estaban seguros, recordarían el resto de su vida.
Hacía dos días que habían encontrado a Mirko huyendo de aquel grupo de lagartos y Saryon había tenido tiempo de pensar muchas cosas. No sabía qué estaba pasando, pero sí sabía que iba a ser un grave problema para todos. Alguien estaba confundiéndolos desde el propio senado, o eso parecía. Su viaje al norte había sido una forma de desviar su atención, probablemente con la intención de alejarle de Isvar o de acabar con su vida. Quién sabe qué más habían intentado los que estaban haciendo eso, y peor todavía era lo que podrían haber conseguido. Iba a arreglar aquello como hiciese falta, pero si alguno de sus amigos había caído víctima de una trampa similar a la que le habían tendido a él, entonces su sentido de la piedad iba a verse muy atenuado durante un tiempo. No podía permitir que Isvar cayese en manos de traidores y conspiradores. Los que habían luchado en la guerra no merecían tal insulto a su sacrificio. Y estaban aquellos malditos lezzars. Cada vez eran más descarados, cada vez atacaban más al sur, y con más fuerza, y nadie sabía de dónde salían. Alguien estaba controlándolos, organizándolos, y eso empezaba a hacerles temibles. Si lograban cruzar los puentes, comenzarían a tener problemas serios en la misma península. Eso era algo que tampoco podían permitirse ahora. Había que arreglar la situación, y sabía los pasos que tenía que dar para lograrlo.
Por si todo ello fuera poco, las palabras de Mirko habían sido aun más intranquilizadoras. Había hablado de un ser llamado Ovatha. Según sus palabras esa Ovatha era la que lideraba a los reptiles. Además, le había hecho algo horrible. Este extremo era evidente, pues la piel de Mirko se había vuelto extraña, como metálica. Sus ojos, sus manos, su manera de moverse, todo recordaba a uno de esos lagartos. Pero no era un lagarto, él era, o más bien había sido, humano.
Mirko se había pasado los dos últimos días dormido, callado, o comiendo de forma voraz, hasta el punto de que las provisiones que llevaban se estaban agotando. A cualquier pregunta respondía con un gesto o con monosílabos. Parecía haber algo que le hacía sufrir enormemente, pero sus conocimientos sobre curación no le permitían dar ni con el origen ni con el remedio de sus males. Cuando llegasen a Vallefértil tendría tiempo de hablar con él sobre lo que les había contado. Mirko necesitaba descansar. Lo primero era asegurarse de su supervivencia.
Avanzaban por las colinas del norte de Isvar, ya dentro de la propia península, atravesando un pequeño bosque en una ladera. El tiempo volvía a ser casi veraniego, y el sol lucía en lo alto, aunque las ramas de los ancianos robles que les rodeaban impedían que el sol les hiciese el viaje incómodo. Adrash iba en cabeza, sobre su ligero caballo pardo, mientras que Saryon llevaba a Mirko a la grupa de Irwen, mucho más grande que el caballo de Adrash. Avanzaban por un camino ancho y bien cuidado que cruzaba el bosque. La ruta había sido abierta por los ejércitos de Oriente después de que construyeran los grandes puentes, y llevaba directamente del más oriental de éstos a la norteña ciudad de Vallefértil, una de las más prosperas de toda Isvar, y uno de los mayores centros de comercio de la península.
-Gracias.- Aunque su voz era débil, Mirko parecía haberse recuperado bastante bien, y hablaba lo suficientemente alto como para que Adrash le oyera. El caballero del Fénix ni siquiera giró la vista ante el agradecimiento. Saryon sabía que Adrash no había arriesgado su vida por ayudar a Mirko. Lo había hecho por su odio a los lezzars. Aún así, Saryon suponía que si Mirko no estuviese en peligro quizá no hubiese atacado.
-No tienes por qué darme las gracias, Mirko. Te ayudamos porque era nuestro deber, nada más. Y si llego a saber que eras tú, hubiera atacado con más ahínco si cabe.- Saryon le habló sin detenerse, mirando hacia delante.
-Os doy las gracias porque me habéis ayudado. No importa por qué lo hicisteis.
-Entonces, acepto tu agradecimiento. Parece que te encuentras mejor, ¿es así?
-No lo sé. Hace demasiado tiempo que no sé en qué consiste sentirse bien.
-¿Ovatha?
-¡No pronuncies ese maldito nombre!- La voz de Mirko se volvió más crispada, como si algo le estuviese haciendo mucho daño.- Sí, fue ella. Ojalá reciba el más horrible de los castigos.
-¿Quién es ella? ¿Y qué fue lo que te hizo?
-Ella es... no sé lo que es, sé lo que fue para mí. Sólo una voz dulce. Nunca la vi, solo la oí en mi mente, hablándome con su voz suave e hipócrita, dejando en mí la simiente de otro ser, intentando matar mi voluntad y mi conciencia con dolor. Lo consiguió por un tiempo, y quién sabe si lo conseguirá otra vez. No sé por qué lo ha hecho, ni cómo es, ni qué es, pero sé que si te dejas atar por sus lazos eres su marioneta, su esclavo fiel y convencido de que lo mejor que te ha podido pasar es poder servirle, matando… robando vidas… Sólo los dioses saben cuánto la odio.
-¿Es ella quien manda en los lagartos?- Adrash paró su caballo, giró la cabeza y miró a Mirko a los ojos. Saryon pudo ver algo de compasión, de comprensión, en su mirada.
-No lo sé. Es posible… ella me entregó el mando de los que me perseguían, no sé si para vigilarme o para que los usase como arma, pero podía ordenarles lo que quisiera sin siquiera abrir la boca. Sólo pensaba lo que debían hacer, y ellos lo hacían. Era como si su voluntad fuese mía. Cuando conseguí liberarme de Ovatha, me atacaron, y eché a correr. El resto lo conocéis.
-Es extraño eso que cuentas. Pero puedes contar con un amigo. Yo soy Adrash Ala de Fuego, Caballero del Fénix.- La mirada de Adrash era extraña, solemne. Daba la impresión de que estaba entregando algo más que su confianza a Mirko.
-Gracias de nuevo. No sé por qué me ayudas, pero gracias.
-Estoy pagando una deuda, una deuda conmigo mismo. Llevo mucho tiempo haciéndolo, y aún me queda mucho por pagar.-Saryon y Mirko miraron a Adrash con extrañeza. Estaba terriblemente serio, su sonrisa irónica había desaparecido por completo.- Algún día os contare de qué hablo. Ahora no es el momento.
-Algo se acerca.- Mirko miraba hacia arriba.
-¿Qué? ¿Cómo lo sabes?-Adrash comenzó a mirar hacia arriba también, mientras con la mano izquierda cogía el arco. Sobre ellos, algo extraño, parecido a una neblina con un brillo metálico, se movía entre las ramas de los árboles.
-Hey hey hey hey hey guarda eso narmadiano... ¿o se dice narmadiense?- La voz, que hablaba rápida y atropelladamente, tenía un tono chillón y metálico. Parecía provenir de muchos sitios a la vez. Saryon sonrió.
-Wis’iw’ig, maldito bichejo, para ya de moverte o vas a asustar a mis amigos.- El tono de voz del caballero era condescendiente, como si estuviese hablando a un niño pequeño.
-Pues harían bien en asustarse. Al fin y al cabo, soy un dragón. Y muy pero que muy anciano.
-Seguro que lo eres, aunque tu apariencia no coincide con la idea que mucha gente tiene de lo que es un dragón.- Saryon rió.- Sobre todo por el tamaño.
De pronto, la neblina se paró sobre el casco del caballero. La criatura tenía la forma de un reptil alado, no mayor que un águila, de color plateado claro y muy brillante. Se quedó unos segundos mirando a Adrash y a Mirko. A pesar de sus facciones de reptil, su rostro era sumamente expresivo. Los miraba con un gesto entre la impaciencia y la curiosidad, pasando la mirada de Adrash a Mirko a toda velocidad.
-Qué, ¿soy un dragón o no soy un dragón? ¡Vamos!, ¡contestadme!, ¡no tengo todo el día!
-Se podría decir que… ¿sí?…- Adrash miraba aquel ser con extrañeza.
Wis’iw’ig se trasladó en un solo instante a la cabeza de Irwen, la yegua de Saryon.
-¿Lo ves? ¡Soy un dragón!- Irwen estornudó cuando la cola de la criatura le rozó el hocico.-Vaya yegua maleducada, siempre me hace lo mismo…
-Me imagino que habrá un motivo para que estés aquí… ¿acaso él está despierto?
-¿Quién, Doh?, pues sí, sí, está despierto, y bastante inquieto. Por eso he venido. ¿Te lo imaginas inquieto? No hay quien aguante en esa cueva…
El rostro de Saryon se ensombreció. Si Doh estaba despierto es que iba a haber problemas, y muy grandes. Últimamente todo eran malos presagios.
Ahora la yegua movía la cabeza arriba y abajo, a la vez que intentaba mordisquear la cola del pequeño dragón. Obviamente, estaba incomodada por la presencia de la criatura, aunque no asustada.
-Por cierto, soy un maleducado, aún no me he presentado… Hola, soy Wis’iw’ig. No me digáis vuestros nombres que ya los sé…y Doh me ha enviado a buscaros… o más bien a buscar a uno de vosotros.
-¿A quién quiere ver?-Saryon seguía observando a Wis’iw’ig, pero ahora no sonreía como antes.
-A Mirko. No me preguntéis el motivo, lo desconozco, pero quiere verle, y no le gusta demasiado salir de su casa. Yo creo que es porque ese viejo dragón chiflado no es capaz de levantar el vuelo, pero bueno. Si él quiere verte seguro que es por algo, Doh no se despierta con tanta facilidad.
-¿Un dragón?- Adrash sonrió irónicamente mientras miraba a Mirko, que parecía ausente.
-Sí, un dragón, Doh es un dragón, un dragón-dragón.- Wis’iw’ig decía esto mientras daba vueltas alrededor de la cabeza de Adrash.
-¿Un dragón como tú?
-¡No seas estúpido! Yo no soy un dragón, soy un pseudodragón. Doh es un Dragón.- Wis’iw’ig remarcó mucho la palabra dragón- De los de verdad, de los grandes y poderosos, y él, especialmente grande y especialmente poderoso. Creo que no sale de su cueva porque no cabe por la entrada, aunque podría llegar a ensancharla si se empeña en salir.
-Dile que iré.-Mirko seguía ausente, y dijo estas palabras sin siquiera mirar hacia Wis’iw’ig, que al momento estaba manteniéndose en el aire ante sus ojos.
-Muy bien, muy bien, pero ve rápido. A Doh le enfada estar despierto.
-Iré en cuanto me sea posible. Estoy débil.
-Mmmm vale. Bueno, yo ya he hecho mi trabajo. Saryon te indicará a donde ir. Ya nos veremos. Por cierto, Saryon, creo que deberías ir cuanto antes a Vallefértil. Hay muchas cosas que debes saber y aún no sabes. Espero que las noticias no sean muy duras.
-¿Qué noticias?
-No me toca a mí contártelas, Saryon, ya te enterarás cuando llegues. Eso sí, intenta llegar antes del anochecer.
Tan rápido como había aparecido, Wis’iw’ig desapareció.
-Rayos, ¿qué será eso de lo que me tengo que enterar?
-¿Un dragón? ¿Realmente ese Doh es un dragón?-Adrash seguía sonriendo, incrédulo.
-Sí, sin duda lo es. Un dragón muy grande y muy anciano, además, y con muy mal genio.
-Pareces preocupado, Saryon. O mucho me equivoco o ese dragón no es peligroso...-Mirko seguía con la vista fija en el horizonte.- Y Wis’iw’ig no parecía el ser más fiable del mundo.
-No, Doh no es peligroso, a no ser que logres enfadarle, cosa complicada por otro lado. Lo que me preocupa es que esté despierto. Cuando estuve en su guarida, hace unos años, durante la guerra, supe que llevaba casi un siglo durmiendo, y se despertó porque vinieron los orientales. Creo que si ahora está despierto es porque algo importante y desagradable va a ocurrir o está ocurriendo. Además, Wis’iw’ig es un ser muchísimo más venerable de lo que aparenta, y puede que hasta más anciano que el mismísimo Doh. A pesar de que parezca excéntrico, no lo es. Le considero un buen amigo y un gran aliado. ¿Comprendes ahora el porqué de mi preocupación?
-Lo que no entiendo es por qué me busca. Aunque supongo que mientras no llegue no lo sabré.
-No tengo ni idea, la verdad, pero si te va a recibir en su guarida es por algo importante.
-Iré contigo si no te importa, Mirko. Necesitarás protección si vas a viajar hasta allí. Y algo me dice que no va a ser un viaje del todo agradable.- Adrash volvía a estar serio.- Además, seguro que Saryon se pasa el próximo mes con politiquerías, y eso no me va a agradar, seré de más utilidad viajando contigo a la guarida de ese dragón. Y no lo voy a negar, también siento curiosidad.
-Por mi parte no hay problema.
-Harás bien en ir con él, Adrash. Cada vez estoy más seguro de que no voy a tener tiempo para casi nada en los próximos días. Os indicaré como llegar a la guarida de Doh y continuaré el camino lo más rápido que aguante Irwen. A un par de horas de aquí, hacia el sur, hay una posada. Allí podréis comprar un caballo para Mirko.
-No tengo dinero para un caballo. La verdad es que no tengo dinero ni para una comida.
-Eso no es problema, creo que te debo cinco años de soldada, ¿no?-Saryon le tendió una bolsa. Mirko la cogió, dubitativo.
-Gracias de nuevo, Saryon, algún día te lo devolveré.
-No hará falta, Mirko, me temo que el dinero va a perder mucho valor en los próximos tiempos, si es que alguna vez lo tuvo. Si mis sospechas son fundadas, lo que hará falta son brazos fuertes y hábiles.
-Espero que te equivoques.
-Yo también lo deseo, pero me temo que estoy en lo cierto. Los malos augurios son los que siempre se cumplen.
Tras describirles Saryon como llegar a la guarida de Doh, los tres se despidieron, estrechándose las manos de manera intensa y solemne. Todos eran conscientes de la gran importancia de los asuntos que estaban tratando.
Al cabo de un rato, Saryon cabalgaba en dirección a Vallefértil mientras que Mirko y Adrash caminaban hacia una entrevista que, estaban seguros, recordarían el resto de su vida.