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Escrito por na el jueves, 20 de agosto de 2015

El fin de orgonónicum no es tirar de currículum ni ponerme medallas.
No me siento orgullosa de mi trayectoria.
Pero así es como he llegado.
Y quiero dar las gracias a todas las personas que me han permitido -con su dedicación- dedicarme.
Desde escribir aquí hasta alimentarme.
No siempre mereciéndolo.

Me consta que no estoy a la altura, que en nombre a su labor, debía haberlo hecho mejor.
Mas fácil, más gratificante, más humano.
Con más amor.
Disfrutándolo.
Sin tantos esfuerzos y sacrificios aparentemente esteriles.
Sin tantas retorcidas vueltas atrapada en la espiral del sufrimiento.

Me he dedicado a quedarme sin ratos libres durante ocho años de mi vida por estudiar psicología en la UV.
Si le añado los años que dediqué a conseguir el acceso, el cómputo aumenta.
Y aunque aprobé, he de admitir que de las egoicas motivaciones iniciales poco queda.
Demasiado tiempo dediqué a comprender al ser que soy desde fuera.
Necesitaba saber qué era lo que funcionaba mal en el bienestar.
Que era lo que pasaba conmigo.
Y ningún enfoque terapéutico profundizaba en "mi" "enfermedad".
Partiendo del psicoanálisis y del conductismo-cognitivismo mas rancio, ignorando deliberadamente a Reich en la facultad, me decanté por la terapia Gestalt.
Hice el prácticum en el ITG y a punto estuve de matricularme en su formación.
Algo me lo impidió.
Gracias.
Después de conocer las implicaciones de Wilhelm Reich, de sentir que su dedicación completaba el rompecabezas, de saber que fue el último que psicoanalizó a Fritz Perls, y de intuir porqué evitas teorizar si no quieres ser impunemente asesinado en prisión. Despues de comprender el pecado original que cometí al ser mujer, después de encontrar la pieza que faltaba, me decidí a matricularme en la formación Reichiana.
Casi lo hago.
Otra vez, algo me lo impidió.
Gracias.
Conecté con mi dolor, y descubrí a través de la dedicación de W. G. Sutherland, un enfoque que se atreve a explicar la psike, el aliento vital, el alma... sin eliminarla de la ecuación.
Mirándola a la cara, manteniendo la mirada.
Desafiando su lógica con la experiencia de la razón.
Fascinada por un enfoque radicalmente distindo a todo lo que estaba acostumbrada, me sorprendí a mi misma matriculándome en la formación de terapia craneosacral biodinámica en la ESCB
Ocho años después de terminar la carrera decidí volver a estudiar.
Volver a quedarme sin tiempo libre en una de las épocas más vitales de mi vida.
Era la mas efectiva de todas las terapias que había probado.
Y tenía que comprender.
No sólo por mi.
Tenía que saber que pasa cuando nos tocamos.
Nada de lo que yo conocía lo explicaba.
Lo que me pasaba en la camilla era algo más que algunas feromonas, esquemas cognitivos y placebos.

Y preparé la bolsa y a Madrid me fui.
No tengo palabras para expresar lo que allí viví.
Conecté con mis peores fantasmas y al volver a casa, durante una semana eterna no pude desempeñar mis ineludibles obligaciones personales, laborales ni familiares.
Enfermé al contactar con algo que no existía. Con algo que creía imposible.
Supongo no sabes lo que es morir hasta que te pasa.
Incapaz de levantarme de la cama, abatida y derrumbada decidí dejar de estudiar.
Y casi casi de vivir.
No podía permitirme el lujo de sentirme tan jodidamente mal.
A la mierda.
La sanación no compensa tanto sufrimiento.
No es lo mismo estudiarlo desde fuera que vivirlo desde dentro.

Y pese a tirar la toalla, descorazonada, me agaché a recogerla renovada en cuanto intuí la primavera.
A base de talonario, me recompuse como pude y volví a la brecha.
Y a pesar de comprender qué era lo que estaba haciendo mal, volví a caer.
Me sentí como la niña del exorcista cuando de mi garganta salió un glutural sonido de otro mundo.
Acojonada, decidí volver a cambiar el enfoque y en lugar de asumir un punto de vista craneosacral biodinámico, me decidí a explorar el biodinámico craneosacral. Que sonaba parecido pero se suponía que no era igual.
Preparé la bolsa, otra vez, y a Murcia me fui a continuar donde lo dejé. Otro grupo, otro lugar y otra gente. otrys profesorys y ayudantes y sin embargo, conecté con las mismas dinámicas. El mismo dolor invalidante. La misma mierda.
Y volví a caer otra vez.
Mas profundo que nunca esta vez.
A punto estuve de no levantarme.
Gracias al corazón de un hombre y al alma de una mujer, me incorporé en otra dimensión.
Aun la estoy asimilando.
Mi dedicación ha cambiado.
Otra vez.
No tiene sentido seguir estudiando.
He establecido conexión.
Ahora sé quién soy.
Otra vez la puñetera luz en acción.
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