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Escrito por na el sábado, 12 de septiembre de 2015

Yo soy yo misma.
Yo soy la única presencia actuando aquí.

Yo soy quien habita el traje que remiendo.
Proponiéndome enmendar.
Yo soy capaz.
He elegido esta carga porque sé que puedo llevarla.
Es mi examen, mi misión.
Y recuerdo quién soy ahora.

Yo soy luz coherente.
Yo soy paz universal.
Yo soy amor incondicional.

Y en mi percibo el proceso de sanación.
De protección, de conexión y de transformación.
En él vuelco toda mi atención y mi intención.

Yo soy abarca a algo más que ratos libres.
Y me cuesta reconciliarlo con mis adicciones y obligaciones.
Resquebraja por entero toda la coraza que paradójicamente me enjaulaba y protegía.

Y sin embargo, a ratos, sigo aferrándome a los barrotes del miedo.
Miedo a no ser. Ni capaz, ni universal, ni coherente.
Miedo a fallar.
Sé que las voces que dicen no puedes se equivocan.
Esas que me dicen abandona, la carga es demasiado grande, demasiado pesada, eres demasiado insignificante y a nadie más le importa.
No es asunto tuyo. Otry mejor lo hará mejor. Tampoco te va tan mal.
Mira hacia otro lado, piensa en otra cosa.
No te presentes, no te entregues, dejate en blanco, sin ni siquiera intentarlo.
Sin juicio final porque siempre nos quedará septiembre.

Esas voces son mentira.

Me equivoco cuando creo que no puedo.
Aunque intente boicotearme, nadie más llevará mi parte.
Es mi responsabilidad y es tan enorme que no es solo mía.
Difícil de explicar.
Gracias.
Me siento agradecida por la profundidad que me aportan todas y cada una de mis luces y de mis sombras.
Gracias por el dolor. Gracias por la salud.

Yo soy la puñetera luz en acción.
Gracias.


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