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Escrito por na el domingo, 4 de octubre de 2015

Hegel, alla por los albores del XIX, planteó un motor de la historia que Marx mediante, me permite explorar en el XXI lo que queda de bienestar en el estado del occidente vencedor y civilizado.

Me propongo incorporar ese motor a mi consciencia.

La tesis es la luz, coherente y consciente.
Es la afirmación.
Siempre sí.

La antítesis es la oscuridad, el inconsciente, la reactancia.
Es la negación.
Siempre no.

La síntesis que integra y supera el bien y el mal es la autorregulación.
Todo siempre según.

Y es para mi un concepto interesante porque ni es relativismo, ni es azar.
Autorregulación corporal y moral y social porque la consciencia es global.
Autorregulación del ser.

La tesis de la consciencia, ontogenética y filogenéticamente hablando, la consciencia del ser que yo soy, parte sin yo.
Yo, como bebe, soy una con mi madre.
Yo, como indígena, soy una con mi tribu.

La antítesis surje con el desarrollo, con el crecimiento, con la maduración del ser que yo soy más allá de mi madre y de mi grupo. Y me doy cuenta, me percato, precisamente con lo prohibido, con el pecado. Con lo que no encaja ni cuadra. Y que por mucho que intente reprimir y castrar, simplemente es y esta.

La autorregulación supone la síntesis de mi motor.

Y la autorregulación, a su vez, se transforma en tesis.

Y su antítesis, hasta donde sé, es la muerte.


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