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Escrito por na el viernes, 15 de julio de 2016

Demasiado tiempo en la misma agua.
Otra vez estancada todavía.
Paralizada ante las preguntas que me hago sobre qué pasará cuando quite el tapón y que me dejan sin energía para quitarlo.

Y me doy cuenta que las dudas que genero sobre la cañería, con la intencion de justificarme, distraen mi atención de lo ineludible:
El tapón.

Pero, claro...
¿Cómo destapar sin la certeza de si hay desagüe detrás?
Sin saber si las tuberías, antiquísimas e hipotéticas, seguirán transmutando.
Con todo lo que canalizar implica.

¿Y si me lo propongo y no puedo?
¿Y si puedo y ni me lo propongo?

Y sin embargo, se mueve.
Y sigue girando.

Y me doy cuenta, con ayuda, que pese a mis esfuerzos por bloquearme, sigo fluyendo.
Gracias.
Las inevitables filtraciones cotidianas me demuestran que las cañerías funcionan.
Lo siento.
He estando destapando, a intervalos, para sentir que pasaba con toda el agua podrida que iba soltando.
Sin fugas ni sobresaltos, sino de forma consciente.
Apresurándome para volver a tapar cada vez que algun ligero remolino me alejaba de la realidad.
Todavía mas.
Pactando conmigo misma, rozando el límite.
"Disfrutando" de la inconsciencia hasta hartarme.
Como si fuera posible.
Y retrasándome mucho mas allá del punto en el que la putrefacción se vuelve insoportable.
Intentándolo demasiadas veces
Proponiéndomelo sólo una.
En proceso. Intermitente. Otra vez todavía.
Y sinceramente, no sé que estoy esperando para transformar el gerundio en participio.
Igual por eso lo llaman salto de fe.

Y me doy cuenta que una y otra vez me alejo del objetivo actual:
Vaciarme y confiar.
Comprobar dónde me lleva la corriente.
Destapar del todo.
Sin peros.

Y que las leyes de lo fluido sigan su cauce.


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