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Escrito por na el martes, 21 de marzo de 2017

En el mundo de mis ideas, puedo distinguir, puedo discriminar y diferenciar entre ambos conceptos.
Creo firmemente que el ser humano tiene esa potencialidad inherente a su ser.
Por eso innecesario gobierno, ley y moral.
Ya los lleva incorporados: en el cuerpo.
Y en el cuerpo sabe, sin que nadie más se lo indique, lo que esta bien y lo que esta mal.
Sabe distinguir lo verdadero de lo falso.
Lo justo de lo injusto.
Lo correcto de lo erróneo.
Y sabe, además, con esa sabíduría perenne y trascendente, diferenciar el bien y mi bien.
El mal y mi mal.
Lo sabe. Por eso, cuando no coincide, se boicotea.
Y al hacerlo, al separar mi luz de la luz, mi oscuridad de la oscuridad, corto la conexión con las fuerzas no humanas que explican, que dan sentido a algunas de las cosas que me pasan.

Durante mucho tiempo, he sentido fascinación por la sombra.
Por esa parte del cuerpo inconsciente que integra y conecta las fuerzas del universo.
Esa parte que, pese a todo, trata de mantener los pies en el suelo.
Aunque no lo parezca, aunque nadie la entienda.
Tengo la sensación que en el gris relativismo de la sombra sigue escondida mi clave.
Esa sombra inconsciente, esa coraza bioenergética, que plantea la pugna entre el bien y el mal bajo claves exclusivamente humanas.
Sin embargo, sé que para enraizar, he de permitirme manejar otras claves.
Soltarme de mi rama conocida, explorar el aire para llegar a la tierra.
Y cuanto mas vuelo, con más fuerza tropiezo con el pentateuco.
Con el ancestral muro de hormigon donde se estampan mis semillas.
Es ineludible, es frustrante.
Si la existencia de seres angelicales perturba todas mis claves, la presencia de seres demoníacos, cambia mi percepción de la especie entera.
Cambia por completo las reglas del juego.
Cambia el funcionamiento de las asambleas.

El bien, para mi, es lo que mi corazón me dice.
Lo verdadero, lo justo, lo correcto, es seguirlo a dónde quiera que me lleve.
Lo luminoso es respetar mi libre albedrío.
Al hacerlo, recupero ese poder para mi y todys lys otrys.

Sin embargo, en ocasiones, mi corazón se me antoja caprichoso e inconstante.
Como el horizonte.
Cuando me falta amor, cuando olvido mi centro y pierdo la paz, mi corazón se protege, se cierra.
La brújula deja de funcionar para conectar y empieza a funcionar para bloquear.
Desde ese bloqueo, la capacidad de decidir se esfuma.
Y con ella las potencialidades del ser, de ser humana: apoyo mutuo, libre albedrío, autorregulación...

La situación es para mí, desesperada y desesperante.
Estudiando la sombra, devolviendole la mirada, he llegado a la conclusión que demasiadas personas han vendido su alma.
Y demasiadas sin saberlo.
Han renunciado a su corazón, a su ser.
A su integridad original.
A su salud y a su felicidad.

Yo era una de ellas.


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