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Escrito por na el viernes, 7 de abril de 2017

El teléfono móvil, dispositivo electrónico de destrucción masiva

Pièces et Main d’œuvre

Por qué ya no hay gorilas en el Grésivaudan *



De Grenoble a Chambéry el valle de Grésivaudan se extiende entre los macizos de Chartreuse y de Belledonne, siguiendo los meandros del Isére. Hasta los años 1960, el caminante descubría en él un “vergel magnífico”, una naturaleza que hablaba “a la imaginación y al pensamiento”: “bajo las vides que corren en festón entre los árboles frutales, se suceden los pequeños cuadrados de alfalfa, trigo, cáñamo, maíz: una maravilla de pequeña cultura”. (1)
Los pueblos de Crolles y Bernin, a 20 kilómetros de Grenoble, tienen hoy aspecto de zona comercial americana –malecones de comercios, anuncios llamativos, accesos de autopista, aparcamientos y parcelas. Estamos en el corazón del “Silicon Valley a la francesa”, en una aglomeración con “estatuto internacional” cuyas metástasis colonizan los últimos prados, donde los niños ignoran que sus ancestros se bañaban en las contorneas, los antiguos canales de riego. Es en Crolles 2, zona industrial a caballo entre las dos comunas, donde está implantada “la Alianza”, unidad de producción de STMmicrolectronics –asociada durante algunos años a Philips y a Freescale Semiconductors (Motorola). (2)
Crolles 2, supone unas inversiones colosales, las más importantes desde la construcción de las últimas centrales nucleares (2,8 mil millones de euros de los cuales 543 millones de ayudas públicas); supone la importación con enormes gastos de ingenieros americanos y holandeses y su corolario inmobiliario, la explosión del precio de la vivienda; el pillaje de los recursos y la contaminación de la vecindad; los controles de identidad a la entrada de la Alianza; la sumisión de los investigadores del Comisariado para la Energía Atómica (CEA) de Grenoble y de los locales elegidos para las exigencias de los industriales; la visita regular de las autoridades –Chirac, Sarkozy, Devedjian, etc.
El orgullo del tecno-gratinado.
¿Para hacer qué? Teléfonos móviles.



Hola, soy yo. Estoy en el autobús. Hasta ahora”




No sonriáis. Si encontráis irrisorio el resultado de estos sacrificios, despilfarros y destrucciones, es que no entendéis nada de la realidad económica. El teléfono móvil, es una innovación, y como lo ha explicado Michel Destot, alcalde de Grenoble, con la innovación “aparece el desarrollo de las actividades económicas que genera él mismo empleos para el conjunto de nuestros conciudadanos. Hay allí una verdadera mina de oro, tomemos conciencia de ello”. (3)
El teléfono móvil genera muchas otras cosas más que unos empleos y oro. Acelera la destrucción del planeta, sino que contribuye a la tecnificación del mundo. Unos efectos de los que los investigadores del CEA, contratista subsidiario de Nokia, no hablan nunca en sus conferencias mensuales en el Fnac, este vendedor de teléfonos pretendidamente “agitador de ideas”.




I


Semiconductores, maxi-nocividades


Contrariamente a lo que pretende, la microelectrónica es tan contaminante como muchas de las industrias low-tech. Tras su fachada relumbrante, el teléfono móvil es un concentrado de nocividades. Primero a causa de sus microchips. Eric D. Williams, investigador en la Universidad de las Naciones Unidas en Tokio, ha medido los elementos necesarios para la fabricación de un chip de 2 gramos. Resultado: 1,7 de energía fósil, 1 m3 de nitrógeno, 72 gramos de productos químicos y 32 litros de agua. En comparación, se necesita 1,5 toneladas de energía fósil para construir un coche de 750 kg. Una proporción de 2 a 1, mientras que es de 639 a 1 para un chip. (4)
Como sus homólogos guyaneses, los buscadores de pepitas de oro high-tech caros al alcalde de Grenoble se enriquecen saqueando los recursos naturales y asolando el medio ambiente.

Costo fijo ilimitado en agua y electricidad

En Crolles, la fábrica de chips de STMicroelectronics consume más de 40 millones de KWh de electricidad (el equivalente de 20 000 hogares) y 25 millones de KWh de gas natural por año (5). El monstruo se atiborra cada vez más, la Red de Transporte de Electricidad prevé nuevas líneas de alta tensión: “A corto plazo (de 5 a 10 años) las perspectivas de desarrollo industrial en el noroeste (Minatec) y en el noreste de Grenoble (microelectrónica de Grésvaudan) necesitarán que RTE proceda a unas evoluciones de red de manera que acompañen el desarrollo económico de la zona.” (6) Rhône-Alpes, segunda región de Francia para el consumo de energía, sufre la mayor extensión de red de líneas de alta tensión del país –además de sus 32 embalses y de sus 14 centrales nucleares. Nokia y el CEA pueden vendernos unos “teléfonos cada vez más económicos” y unos cargadores solares, olvidan señalar la vorágine energética que supone su producción.
Para limpiar las placas de silicio sobre las que se graban los circuitos electrónicos, la Alianza engulle 700 m3 de agua por hora (el equivalente al consumo de una ciudad de 50 000 habitantes), y somete a las colectividades locales a sus exigencias: 150 000 euros por hora a pagar a la empresa en caso de fallo en el suministro de agua; obligación de duplicar próximamente los conductos de aducción en 18 km, con un costo de 25 millones de euros; entrega obligatoria de un agua de excelente calidad, libre de cloro incluso en periodo de “amenaza terrorista” –mínima compensación para los grenobleses que escapen a este respecto al delirio de seguridad en nombre del interés económico superior. Si la Alianza ha elegido el Grésivaudan, es también para saquear sus fuentes de agua pura, incluso en periodo de sequía y de canícula. Mientras que los habitantes controlan su consumo, STMicroelectronics y sus vecinos, la puesta en marcha de microelectrónica (Soitec, Memscap), pimplan los metros cúbicos: El año 2006 concluye con una bajada del 1% del consumo de las comunas alimentadas por el Sterg (Sundicato intercomunal de las agua de la región grenoblesa). 26 de las 28 comunas alimentadas. Cuyo consumo es principalmente “doméstico” conocen una baja del 3,5%, mientras que Crolles y Bernin (para las que la parte industrial representa más de las 4/5 partes (7)) tienen un consumo en alza de más del 8%” (7)
Durante este tiempo en los macizos de los alrededores, los glaciares se funden a ojos vista, y con ellos las reservas de agua que han hecho la prosperidad del Grésivaudan. Es cierto que nosotros hemos ganado con ello los cristales líquidos.


Telefonear contamina

Crolles 2, emplazamiento Seveso, consume productos tóxicos como la fosfina (fosfuro de hidrógeno), el thilane o arsina (mezcla de hidrógeno-arsénico). “Los gases de combate”, fanfarronea un asalariado durante una visita pública. Los productos químicos almacenados tanto sobre el terreno como también a unos kilómetros, como en Lancey, al otro lado del Grésivaudan, circulan cada día en camiones a través de la aglomeración. Recordemos que el terreno está en “zona urbana”, en medio de las parcelas impulsadas a decenas para alojar a sus empleados. La fábrica, no más que las autoridades locales, no precisan lo que sucedería en el caso de que un avión de turismo del aeropuerto vecino del Vesoud se estrellase sobre este depósito de gas tóxico. En cambio, una asalariada cercana a la dirección de Memscap, la puesta en marcha de la línea lateral, se complace en describir el “fuego artificial”. Cultura del riesgo típicamente grenoblesa. No se hacen innovaciones sin jugar con fuego.
Oficialmente, en 2002, la Alianza arrojó a la atmósfera 9 toneladas de óxidos de nitrógeno, 10 270 toneladas de CO2, 40 toneladas de compuestos orgánicos volátiles (8). Eso es ya tremendo. Pero un empleado confía, sin querer decir más, que el contenido en productos contaminantes de las emisiones a la atmósfera estaría distorsionada por el uso de gases impulsados. ¿Cómo verificarlo? La dirección no proporciona las cifras.
Sólo podemos hacer referencia a este informe de visita de la Drire (Dirección Regional de la Industria, de la Investigación y del Medio ambiente) de marzo de 2003. “La compañía STMicroélectronics que utiliza calderas de tubos de humo alimentados por gas natural (FOD de emergencia) desea que las normas establecidas en NOx mediante Decreto de 08.10.01 sean revisadas a tenor de las dificultades para respetar la norma fijada (100 mg/Nm3)”. Por lo que “los valores límite de emisión en NOx puedan ser fijadas en 120 mg/Nm (gas natural) y en 200 mg/Nm3 (FOD”. Es tan simple de arreglar, sin siquiera despertar a los ecotecs Verdes o Frapna (9). En tanto las normas se cumplan, nuestros gestores de nocividades roncan en paz.
Los residentes locales mismos murmuran que los niños desarrollan unas patologías no habituales, y que el agua de los contornos está saturada de contaminación. Según una página de Internet de habitantes de Bernin, “el contorno sufre desde hace años una contaminación crónica ligada a las emisiones de las aguas residuales industriales. Están particularmente preocupados por las tasas anormalmente elevadas de DBO5 (demanda biológica en oxígeno en 5 días) y NH4 (amoniaco).”.(10) El instructivo informe de la Drire permite añadir el cobre, utilizado para la conexión de los elementos electrónicos: “es necesario establecer normas para el vertido de este contaminante a las aguas (Isère). En aplicación del AM (NDR: decreto ministerial) de 02.02.98, se propuso establecer una concentración máxima de 0,5 mg/l, o sea un flujo máximo de 4,5 kg.” ¿Qué son 1600 kilos de cobre vertidos al Isère cada año? Preguntémoslo a los peces.
A finales de 2004, la federación de pesca del Isère presentó una denuncia, después de que sus miembros hubieran recogido peces panza arriba en los alrededores de donde se vertían los efluentes tóxicos. Reacción vigorosa de los electos: el presupuesto municipal financió inmediatamente el desvió de los vertidos hacia el Isère, a fin de diluir la contaminación en un mayor volumen de agua. Es con estos hallazgos técnicos cómo conocemos el genio delfinés. Los pescadores continuaron diciendo que “apesta la química” y los peces no son ya muy numerosos para atestiguar.
Para completar los estragos de la industria electrónica, hay que volver hacia el modelo de los responsables grenobleses: la Silicon Valley californiana.
La asociación Silicon Valley Toxic Cooalitions ha hecho el balance ambiental y sanitario de cincuenta años de informática y de microelectrónica en lo que fue un valle tan fértil como el Grésivaudan. Desde 1956 y la primera fábrica de IBM, la capa freática ha sido contaminada por los vertidos de xileno, tolueno, cloro tricloroetano. Según la encuesta de Jim Fisher la revista electrónica “salón.com” (11) la capa del Silicon Valley es una de las más contaminadas de los Estados Unidos. Consecuencias: 2,5 a 3 veces más abortos entre las mujeres embarazadas que bebían esta agua, según el estudio realizado por el servicio de salud del Estado a mediados de la década de 1980, que condujo a más de 250 denuncias y compensaciones astronómicas.
En las salas limpias donde se producen las placas de silicio, la situación no es mejor. Equipados con trajes especiales para evitar contaminar las preciosas placas, los “operadores” manipulan los tóxicos de longitud de tres-ocho. Decenas de denuncias de cáncer profesional se presentaron en 1998 en el Tribunal superior del condado de Santa Clara: IBM, Union Carbide, Eastman Kodak habían ocultado la toxicidad de estos venenos a sus asalariados.
Sin embargo, en 1992 un antiguo médico de IBM, Myron Harrison, publicaba un artículo, “Los peligros de la producción de los semiconductores”, que elaboraba una lista inquietante: “Exposición de los trabajadores al arsénico en la producción de las placas de arseniuro de galio, a los ácidos aerosoles en litografía, a los gases tóxicos arsina y boro. Se certifican los casos de quemaduras por ácido fluorhídrico, las exposiciones a los disolventes corrosivos, a los componentes fotoactivos no testados. Advierte contra los accidentes catastróficos en la sustitución de los cilindros de gas, la evacuación y llenado de los baños químicos, las disfunciones de los sistemas de ventilación, y señala los frecuentes problemas respiratorios (tales coma sinusitis, laringitis y asma) entre los trabajadores. Informa de los casos de exposición al mercurio, las quemas de productos químicos “relativamente frecuentes” en los tanques de almacenamiento, y las fugas de disolventes en las tuberías”. (12)
En cuanto a los asalariados de STMicroelectronics en Crolles, ellos han difundido estos últimos años más folletos para el mantenimiento de sus puestos de trabajo que para la el de su salud.. Eso se llama el “modelo grenoblés”.


Ya no hay gorilas para el número demandado

Esto no es todo. Además de sus chips, vuestro teléfono tiene necesidad de condensadores de coltán (o colombo-tantalita), un mineral maleable, resistente al calor y a la corrosión. Éste es extraído en particular en la República Democrática del Congo (RDC), donde se encuentran los depósitos más grandes del mundo.
Como los diamantes, el coltán ha estado en el centro de una guerra por el control de los recursos que ha matado a más de 3,5 millones de personas en siete países desde 1998. “Toda una serie de empresas se han creado en esta zona, en asociación con los grandes capitales transnacionales, los gobiernos locales y las fuerzas militares (del Estado o de la guerrilla) que se disputan el control de la región para la extracción del coltán y de otros minerales. La ONU no duda en afirmar que este mineral estratégico financia una guerra que el antiguo Secretario de Estado de los Estados Unidos, Madeleine Albright, ha denominado “la primera guerra mundial africana“”. (13)
En el Congo, numerosos niños son sacados de la escuela para trabajar en las minas de coltán. El mineral es comprado a los rebeldes y a las compañías mineras fuera de la ley por sociedades internacionales, entre las cuales Cabot Inc. En los Estados Unidos, HC Starck en Alemania (filial de Bayer), y Nignxia en China. Estas sociedades transforman el mineral en un polvo que venden a Nokia, Motorola, Ericsson, Sony, Siemens y Samsung. (14)
Conclusión que no figura en las instrucciones de vuestro móvil: “Parece evidente que los consumidores del Norte, o sea la mayor parte de la demanda solvente y los últimos eslabones de la cadena, en parte han contribuido indirectamente a la continuación del conflicto en la RDC”. (15)
“El periodista africano Kofi Akosah-Sarpong ha expresado incluso que “el coltán, generalmente hablando, no está ayudando a los habitantes locales. En realidad, es la maldición del Congo”. Ha revelado igualmente que existen evidencias de contaminación por este material y que éstas señalan la relación entre el coltán y las deformaciones congénitas de los bebés de la zona que nacen con las piernas torcidas”. (16)
Las minas de coltán están situadas la mayoría en el este de la RDC, en la región de Kiyu, en el territorio de los últimos gorilas de las tierras bajas, los okapis y los elefantes. Balance de la actividad minera: saqueo de los bosques y de los cursos de agua y masacres de animales. Al ritmo actual, los especialistas estiman entre 10 o 15 años como máximo la esperanza de supervivencia de los gorilas. (17)
Los informes publicados en 2001 y 2002 por la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza y la ONU denunciaban la explotación ilegal de las minas del Kiyu y sus estragos. “Los cursos de agua y los bosques están siendo degradados, la subsistencia de las poblaciones autóctonas, los Mbuti, en la Reserva de fauna para okapis está amenazada y la fauna salvaje está siendo destruida a un ritmo alarmante (…) El coltán explotado en estos lugares es transportado por avión y vendido a grandes empresas multinacionales de América del Norte, a Europa y a Rusia que la utilizan en diferentes industrias de alta tecnología. La UICN lanza una llamada a la comunidad internacional para que cese de comprar el coltán”. (18)
Después de este llamamiento, Motorola y Nokia juraron que incitarían a sus proveedores a aprovisionarse en Australia y en Brasil. Polvo en los ojos: según el Grupo de Investigación sobre las Actividades Mineras en África (Universidad de Quebec), es imposible establecer el origen del recurso y sabemos que a pesar de las condenas internacionales, el coltán de la RDC sigue siendo relativamente fácil de encontrar en los mercados extranjeros”. (19)
Cada vez que hacéis una llamada telefónica, jugáis con la salud de los habitantes de Grésivaudan, con la vida de los congoleses y la de los últimos grandes simios del planeta. Es a este precio al que os mantenéis en contacto.




¿Hola? Sí, estoy en la panadería. Una barra. No, hablaba a la señora. ¿Qué? A menos cuarto, OK.




Teléfono desechable

“Está claro que los Smartphone han evolucionado considerablemente. ¿El Orange SPV original? ¡Pasado de moda! ¿El P800 de Sony Ericsson? ¡Casi cursi! Los últimos dispositivos del género admiten fácilmente las memorias Flash de 64 MB y traen incorporadas unas ranuras SD que os permitirán llevar la memoria total a 1 GB.” (20)
Detrás de la jerga histérica típica de los aficionados a los aparatos electrónicos, se comprenderá lo esencial: en el mundo numérico, el mayor riesgo es estar pasado de moda. Tiene que cambiar su teléfono móvil o su “asistente personal” tan a menudo como lo exijan la moda, el “progreso” y los fabricantes. “Como media los japoneses cambian de móvil cada diez o doce meses”, indica Yoshimi Ogawa ((21), patrón de Index Corporation, sociedad japonesa que vende el “contenido” para móviles, y que ha comprado el club de fútbol grenoblés. En Francia, 19 millones de teléfonos son sustituidos cada año. (22)
Cambiar de teléfono significa tirar su teléfono. Desde el lanzamiento de este dispositivo electrónico al mercado, más de 500 millones de ejemplares han sido ya tirados (130 millones sólo en los Estados Unidos en 2005), engrosando las montañas de desechos electrónicos y eléctricos (DEEE). En Francia, produjimos 25 kg por persona en 2001, y esta cifra va a duplicarse de aquí a 2013. “Ahora bien, estos desechos están lejos de ser anodinos. Concentran una mezcla compleja de materias y de componentes particularmente tóxicos. Metales pesados, cadmio, mercurio, y plomo en gran cantidad: el 40% del plomo encontrado en los vertederos proviene de la electrónica de consumo. Los residuos electrónicos y eléctricos son incinerados principalmente con los desechos domésticos y provocan así importantes emisiones de dioxinas. Estas substancias, antiguas enemigas del aire y de las capas freáticas, amenazan también a la salud de los seres vivos. Algunos meses son suficientes para que un teléfono móvil último grito y un ordenador de alto rendimiento se metamorfoseen en bombas de efecto retardado para el medio ambiente”. (23)
A los apóstoles del “reciclaje” compete resolver el problema, precisemos el fin de la historia: Más la mitad de los ordenadores “reciclados” (NDR, en los Estados Unidos) son en realidad expedidos a China, donde unos trabajadores mediocremente pagados recuperan las partes que se consideran interesantes de los aparatos (ver www.ban.org). Pero esto se traduce en una seria contaminación, en razón de las importantes cantidades de plástico y de metales pesados que entran en la composición de los ordenadores. Las piezas inútiles son quemadas, provocando emanaciones tóxicas, o abandonadas en los vertederos donde el agua de escorrentía arrastra los contaminantes a las capas freáticas. No lejos de Hong Kong, en el pueblo de Guiyu, especializado en este “reciclaje” particular, los encuestadores han constatado que el agua ya no era potable y que tenía que ser transportada por cisternas de los pueblos vecinos, en tanto que las enfermedades se multiplicaban debido a la contaminación del aire”. (24)
Una encuesta llevada a cabo en 2004 por Greenpeace y Basel Action Network ha sacado a la luz un tráfico ilegal de desechos electrónicos en el puerto de Taizhou: los desechos se envían por buques de carga, luego mezclados con cargas de metales a granel transportados en centenares de camiones. Las dos ONG señalaban el riesgo de que Taizhou llegue a estar tan contaminada como Guiyu. “Los desechos electrónicos siguen llegando en masa a China, a través de las fallas, y la mayoría procede de los programas de reciclaje de países que intentaban evitar la contaminación de su propio territorio.” (25)
China y, desde luego, África. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente señala el envenenamiento por los metales pesados de las poblaciones que viven cerca de vertederos, como el de Dandora en Nairobi (Kenia). El 90% de los niños vecinos están contaminados por el plomo, el mercurio y las dioxinas provenientes de desechos electrónicos. A las almas caritativas que creen deshacerse éticamente de su móvil, el PNUE recuerda que un cuarto de los aparatos enviados a los pequeños africanos, inutilizables, terminan en estos vertederos de la muerte. “Entre 20 y 50 millones de toneladas de desechos electrónicos son producidos cada año, de los que la mayoría se dirigen al continente africano como dones caritativos”. (26)
Más cerca de nosotros, en Bourg-Fidèle (Ardenas), la fábrica Metal Blanc ha sido juzgada en febrero de 2005 por la contaminación por plomo y cadmio del suelo, del aire y del agua, con unas consecuencias para la salud de una cuarentena de asalariados o niños vecinos (27). ¿La actividad de esta fábrica? El reciclaje. Vemos que las nocividades son tan duraderas como el desarrollo de las industrias que las gestionan.




Es el Sr. Busy, llegaré con un poco de retraso a nuestra cita, acomódense, ya llego”.







II


Parrilladas de cerebro


Principios de 2008, las antenas Wifi para Internet sin hilo están por todas partes. ¿Se conocen los riesgos para la salud?, se pregunta la opinión pública. Ningún problema, tranquilizan los responsables, ya que el Wifi es mucho menos potente que los teléfonos móviles. Manual de instrucciones a la atención de las cobayas: para conocer los daños que os inflige una “innovación”, escuchad lo siguiente. Acordaos, los pesticidas eran excelentes para nuestra salud hasta la aparición de los OGM, “indispensables” para desembarazarnos por fin de este veneno. Será necesario esperar al Wifi para oír decir que en términos de exposición a las radiaciones electromagnéticas, “comparado con los hornos de microondas y con los teléfonos móviles, el wifi no es nada”. (28)


Todos cobayas

En realidad, el tecno-gratén y sus agencias de propaganda tiene dificultad en disimular aún lo que simples ciudadanos repiten desde hace años: estamos sometidos desde hace quince años a una experiencia a tamaño real sobre los efectos de los campos electromagnéticos emitidos.
“Rentabilidad obliga, los teléfonos móviles han sido lanzados al mercado sin que hayan sido hechos los estudios previos de nocividad. Dicho de otro modo, los usuarios son las cobayas de una experiencia planetaria cuyas consecuencias sobre la salud, a falta de perspectiva suficiente, se ignoran aún.”
Tras esta observación de Science et vie, en abril de 1999, científicos, industriales y gobiernos juegan al ping-pong con las encuestas sobre la salud de los usuarios de móviles y de las personas expuestas a las antenas repetidoras.
La Organización Mundial de la Salud lanzó en 1996 un estudio llamado “Interphone”, cuyos resultados, doce años después, todavía no están disponibles y cuya aparición, después de haber sido anunciada en 2004, en 2005, se comprometió para el 2008. [http://www.saludgeoambiental.org/estudio-interphone-0] ¿Es realmente necesario, ya que la OMS aseguró en 2006, en un “memorándum” que será útil a los futuros Alzheimer: “No existe ninguna evidencia científica probatoria que confirme eventuales efectos nocivos de las estaciones de base y de las redes inalámbricas para la salud?”? (29)
Existen en cambio elementos probatorios que confirman la sordidez de la OMS en las múltiples alertas lanzadas por los científicos del mundo entero. Algunas muestras:
El estudio europeo Reflex, cuyos resultados fueron desvelados el 8 de diciembre de 2004 por la fundación alemana Verum, fue financiado por la Unión Europea y los gobiernos suizo y finlandés. Ella ha movilizado a doce laboratorios durante cuatro años (30). Sus conclusiones: “Los campos electromagnéticos generados por las antenas de los teléfonos móviles provocan indirectamente rupturas en las cadenas de ADN de células humanas y animales. Incluso llegan a interrumpir la síntesis de ciertas proteínas”. Estos impactos aparecen por dosis de energía inferiores a los límites definidos por la legislación francesa (2 W/kg, según la recomendación de la Comisión Internacional de Protección contra las Radiaciones no Ionizantes).
Para Franz Adkofer, coordinador del proyecto y director ejecutivo de la Fundación Verum, el estudio prueba la existencia “de un mecanismo fisiopatológico que podría estar en la base del desarrollo de desórdenes funcionales o de enfermedades crónicas en el animal y en el hombre”.
Un investigador belga, Luc Vershaeve, del Vlaamse Instelling voor Technologish Onderzock, explica que las ondas alcanzan, a 2 cm de profundidad, la zona más sensible del cerebro: el córtex, provocando un aumento de su temperatura, provocando un aumento de su temperatura en torno a 1ºC. En resumen, la cabeza en el microondas.
“Si se telefonea regularmente y durante largos periodos, no es imposible que el efecto térmico termine por lesionar el ADN y provocar tumores cancerosos (31), reconocía el científico.
En agosto de 2007, el BioOnitiative Working Group, que reunía a 14 investigadores internacionales, arrojó un vaso de agua fría sobre el maravilloso mundo del teléfono inalámbrico. Su informe, una síntesis de 2000 estudios que documentaban los efectos sanitarios de una exposición crónica a las radiaciones electromagnéticas, llegó a conclusiones tales como: “Sin mucha duda, la exposición a los campos electromagnéticos de bajas frecuencias causa leucemias infantiles (a unos niveles muy inferiores a las normas de precaución)”:; “Las personas que utilizan un teléfono móvil desde hace diez años o más tienen una tasa más elevada de tumor maligno del cerebro y de neuroma acústico; Utilizar el teléfono principalmente en un lado de la cabeza aumenta el riesgo” ; “Las normas de uso de exposición a las emisiones de los teléfonos móviles y de los teléfonos inalámbricos no tienen un efecto protector respecto a los resultados a largo plazo sobre los tumores del cerebro y los neuromas acústicos”; “Existen fuertes evidencias que indican que la exposición a largo plazo a los campos electromagnéticos de bajas frecuencias es un factor de riesgo para la enfermedad de Alzheimer” , etc. Para terminar: “Ya no nos podemos permitir continuar el “Business as usual”. (32)
En Alemania, 1200 médicos firmaron en octubre de 2002 “”El Llamamiento de Friburgo” para alertar a las autoridades: “Constatamos estos últimos años en nuestros pacientes un aumento dramático de enfermedades graves y crónicas (…) Como conocemos el entorno residencial y los hábitos de nuestros pacientes, vemos –tras un interrogatorio preciso- cada vez más a menudo una clara relación temporal y espacial entre la emergencia de estas enfermedades y el desarrollo de ondas de radio, por ejemplo en forma de instalación de antenas de retransmisión de teléfono móvil en los alrededores de nuestros pacientes, de un uso intensivo de teléfonos móviles, de la compra de teléfonos inalámbricos standard DECT en casa o en el vecindario”. (33)
No vamos a hacer aquí el inventario de los testimonios, estudios y quejas contra las nocividades de las antenas-repetidoras y de los teléfonos celulares. Se puede uno a este respecto remitirse al documental de Joaquina Ferreira, Téléphone mobile, sommes-nous tous des cabayes?”, descargable en el sitio web www.next-up.org.
Nos limitaremos a recordar el asunto de la embajada americana de Moscú durante la guerra fría. Los rusos habiendo cercado a ésta de un cinturón de microondas, la tasa de cánceres y de enfermedades raras del personal diplomático americano había aumentado considerablemente- primera demostración de los efectos de estas ondas.
Utilizando unas bandas de frecuencia de 900 y 1 800 megahercios (altas frecuencias, o microondas), los teléfonos móviles generan también unas muy bajas frecuencias, calificadas por la OMS –que no teme contradecirse- de “potencialmente cancerígenas” y pudiendo provocar leucemias. Estas ondas interfieren con las ondas alfa y delta del cerebro, dicho de otro modo nuestros campos eléctricos internos. Hoy es toda la población la que está cercada, en la guerra a lo vivo llevada a cabo por la industria y los investigadores cómplices.

Las ondas nocivas para la verdad

¿Por qué las cobayas humanas no son informadas? Porque el lobby de la telefonía móvil no tolera ningún cuestionamiento, bloquea los resultados negativos, compra a los investigadores a sueldo, calumnia a las autoridades sanitarias, ataca con difamaciones a los ciudadanos que protestan (34). Porque es demasiado tarde para volver atrás.
“De forma general, todos los resultados que cuestionan la telefonía móvil son sistemáticamente rechazados por los fabricantes de teléfonos móviles. El Dr. Henry Lai que trabajaba con contrato con Wireless Technology Research (WTR) una sociedad bajo la tutela de fabricantes de teléfonos móviles, ha visto rechazada la publicación de sus trabajos porque desmentían el credo de los fabricantes. (…) ·Ellos me pedían interpretar de modo diferente mis resultados para que fuesen más favorables a la telefonía móvil”, se subleva el investigador.
La misma desventura ocurrió con el biólogo estadounidense Ross Adey, que estaba llevando a cabo un estudio por cuenta de Motorola (…) Como el fabricante se negaba a admitir sus conclusiones, a saber el efecto negativo de las ondas electromagnéticas sobre los animales de laboratorio, prefirió parar su colaboración científica. “Todo sucede como antaño con los fabricantes de cigarrillos, que se negaron a revelar todos los estudios que mostraban los peligros del tabaco” protesta Henry Lai”. (35)
Remunerado también él por los industriales vía Wireless Technology Research, el epidemiólogo George Carlo, como sus colegas, fue censurado por sus comanditarios. Después él creo la ONG Safe Wireless Initiative para publicar sus resultados (alteración de metabolismo, bloqueo de la comunicación intercelular, síntomas de electrosensibilidad, resumidos en su libro Cell Phones: Invisiblee Hazards in the Wireless Age. En una entrevista en la revista Acres USA, Carlo cuenta: “Los científicos del mundo entero han señalado que sus trabajos habían sido desechados o modificados por la industria de la telefonía móvil. Si observáis los estudios efectuados sobre este problema (NDA: los riesgos sanitarios) los que están financiados por la industria tienen seis veces más posibilidades de no encontrar nada que los que han sido financiados de forma independiente. Desgraciadamente, la industria controla casi la ciencia y la difusión de las informaciones científicas. Controla pues la manera en que el público percibe o no percibe peligros”. (36)
Esto nos lleva a la OMS. Si usted consideró este organismo supranacional independiente y fiable, usted va a verse decepcionado. Su proyecto internacional para el estudio de los campos electromagnéticos (“proyecto CEM”) lanzado en 1996, se reveló estar financiado en un 40% por la industria del teléfono móvil. Una excelente encuesta de la revista belga Imagine desvela la cara oculta de su “memorándum” tranquilizador de 2006. El proyecto CEM “recibe cada año –desde 2005 en cualquier caso- más de 150.000 $ del Mobile Manufacturers Forum (MMF), el lobby de los fabricantes de teléfonos móviles con sede en el bulevar Reyers, en Bruselas. Contactado por la revista Imagine, Michael Milligan, secretario general del MMF, se limita a recordar que los pagos se hacen “de acuerdo con las demandas de la OMS y a través del procedimiento aprobado e implementado por ella”. Se felicita por otra parte del “peritaje de la OMS, en particular en lo que respecta a la información que produce y que se basa en una ciencia de excelente factura””. (37) No se podría decirlo mejor.
Financiar un estudio es un buen comienzo. Queda por encontrar un portavoz para divulgar sus resultados. Ved como estos industriales tienen buen olfato: no hubieran podido dar con mejor candidato que Mike Repacholi, coordinador para la OMS de los programas de investigación del “proyecto CEM”. Este físico y biólogo merecería la medalla de oro de la Ciudad de Grenoble por su acción totalmente personal a favor de la vinculación investigación-industria.
“”El proyecto CEM estaba corrompido desde el inicio, estima Andrew Marino, profesor de biología celular en el Centro de las Ciencias de la Salud de la Universidad de Luisiana (Estados Unidos). Michael Repacholi era conocido desde hace más de seis años como consultor remunerado y portavoz de las compañías responsables de generar la contaminación electromagnética.” (…) Louis Slesin físico-químico, doctor en ciencias medioambientales del MIT y redactor en jefe de la circular especializada Microwaves Newa, le censura a M. Repacholi por sus numerosos virajes durante su mandato”. En febrero de 2003, en Luxemburgo, el coordinador del proyecto CEM anunció que existían en lo sucesivo “suficientes pruebas” para preconizar unas políticas preventivas sobre todo en materia de radiaciones de radiofrecuencia y micro-ondas [las de la telefonía móvil, NDLR]. Ahora bien, algunas semanas más tarde, volvió sobre esta posición sin la menor justificación”. (38)
Nos ahorramos lo que sigue, que merece ser leído y se consulta fácilmente en su versión Internet.
Desde luego, las autoridades sanitarias francesas que se apoyan en las opiniones de la OMS no pueden ignorar lo que simples asociaciones saben y denuncian en distintos sitios Internet y en peticiones. (39) Es pues con conocimiento de causa que la AFESSE (Agencia Francesa de Seguridad Sanitaria del Medioambiente) publicó dos informes tranquilizadores en 2003 y en 2005. Sin duda inspirada por los métodos de su gran hermana onusiana, la agencia ha tenido cuidado de descartar de su grupo de expertos a los investigadores demasiado independientes de la industria.
En 2004, cuatro de ellos, miembros del Comité Científico sobre los campos Electromagnéticos, publicaron un “libro blanco” más bien negro: “Vuestro GSM, vuestra salud: ¡os mienten!” (40), en el que resumen lo que las autoridades francesas no han querido oír: “Esta publicación ha sido necesaria debido a las desavenencias entre las personas que viven cerca de las estaciones repetidoras de telefonía móvil (cuya instalación en Francia ha sido particularmente anárquica) y entre los usuarios de teléfonos móviles. Hemos revisado los trabajos científicos mundiales relativos a la exposición de los seres vivos a las ondas de la telefonía móvil. Se pueden consultar los efectos particularmente nocivos sobre el sistema nervioso y el metabolismo celular. Las publicaciones oficiales francesas, destinadas a permitir el desarrollo tecnológico sin trabas, son examinadas allí y criticadas.
Los estudios epidemiológicos realizados en todo el mundo revelan claramente la etiología de las numerosas enfermedades sufridas por los usuarios de teléfonos móviles y los que viven cerca de antenas repetidoras (insomnios, trastornos cardiacos, hipertensión, cefaleas…) así como la posible existencia de una relación entre esta exposición y las patologías graves como la enfermedades neurodegenerativas, algunas formas de cáncer…” (41)
Apartado también él del grupo de expertos de la AFSSE, Pierre Aubineau, director de investigación en el CNRS, es sin embargo miembro del equipo encargado del estudio Comobio (Comunicación móvil y biología) subvencionado por el gobierno francés. Estudia en particular los efectos de las ondas de los móviles sobre la barrera hemato-encefálica (que protege el cerebro de los tóxicos que circulan en la sangre). Conclusión de sus experiencias en las ratas: bajo el efecto de las radiaciones la barrera hemato-encefálica se abre y la síntesis de las proteínas en el cerebro se ve turbada.
Tres miembros de la AFSSE se sintieron obligados a escuchar a Pierre Aubineau tras sus declaraciones a la prensa – los expertos, “no quisieron” escucharle. El investigador reiteró su advertencia. “Es muy probable que exista un riesgo, al menos para ciertas personas. Constato que suceden fenómenos anormales y sostengo que la apertura de la barrera hemato-encefálica señala lo patológico y no lo biológico. Lo mismo ocurre cuando la síntesis de la proteínas de choque térmico aumenta de manera inconsiderada: esto refleja una actitud estresada y una disfunción celular”.
Reacción de Michèle Froment-Védrine, directora de la AFSSE: “¿Pero las personas que telefonean no están estresadas?” (42)
Por desgracia, el estado de la barrera hemato-encefálica de los responsables de la AFSSE no fue objeto de ningún estudio.
Señalemos que los “expertos”, al negarse a escuchar a Pierre Aibineau, han prestado oídos con complacencia a los operadores de telefonía móvil al evocar “síntomas subjetivos” (43) entre los abonados que se quejan de trastornos. Extracto: “Desde hace algunos meses, asistimos a un verdadero mercado del miedo que enferma a las personas frágiles. Estas últimas duermen mal o sufren daño de cabeza a fuerza de ser inquietados por los discursos alarmantes”. (44) Reconocemos la escuela científica creada por la OMS: “Parece confirmado pues que la llegada de la era atómica ha situado a la humanidad ante ciertos problemas de salud mental (…) La solución más satisfactoria para el futuro de los usos pacíficos de la energía atómica sería ver instalarse una generación que haya aprendido a vivir en la ignorancia y la incertidumbre”. (45) Por desgracia, a causa de un exceso de informaciones, la “radiofobia” después de Chernóbil hizo estragos entre los bielorrusos y los ucranianos.
En cambio, que Bernard Veyret, René de Sèze y Denis Zimirou hayan podido firmar conjuntamente el informe de la AFSSE después de haber colaborado en la redacción de un folleto de publicidad financiado por Orange y titulado “Ninguna inquietud por las antenas repetidoras” no ha producido jaquecas a nadie en las esferas de la “seguridad sanitaria” Han sido necesarias las protestas reiteradas de las asociaciones anticontaminación electromagnéticas para que se publicase en enero de 2006 una encuesta de la Inspección general de asuntos sociales (IGAS) y de la Inspección general del medio ambiente sobre los métodos de trabajo de la AFSSE. Conclusión: “Los trabajos de la AFSSE en materia de telefonía móvil se han efectuado con fallos relativos al método seguido por los procedimientos”. En francés: la AFSSE ha saboteado el trabajo y sus opiniones tranquilizadoras son nulas y sin efecto. Durante este tiempo, los adolescentes franceses telefonean varias horas al día gracias a sus costes fijos ilimitados.
Tantos esfuerzos y manipulaciones para “tranquilizar” a los consumidores deberían ponerles la mosca tras la oreja, si esta última no estuviese acaparada por un teléfono móvil.
Es posible que los perjuicios neurológicos ya afecten a las capacidades de razonamiento de la masa, incluso en la revuelta. No hay espectáculo más desolador que el de estas asociaciones que chillan contra las antenas repetidoras (“demasiado grandes, demasiado potentes y mal situadas”) sin jamás cuestionar el teléfono móvil. Que, a imagen de Priartem – Por una Reglamentación de las Instalaciones de Antenas Repetidoras de Telefonía Móvil- reclaman cada vez más restricciones, reglamentos de las nocividades, mejoras técnicas, por una contaminación electromagnética sostenible.
Problema para alumnos de clase científica: sabiendo que las “zonas blancas” no cubiertas por las redes casi han desaparecido en Francia, ¿cómo efectuar comparaciones médicas entre poblaciones contaminadas y poblaciones protegidas de las radiaciones del móvil, para extraer unas conclusiones científicas? Respuesta: imposible. He ahí por qué nuestros responsables tienen toda la razón en suprimir los créditos a la investigación epidemiológica, convertida en obsoleta, y de destinarlos al Plan Alzheimer que va a necesitarlos mucho.



“¡No oigo nada! ¿Dónde estás? ¿Cómo?




Noticia necrológica

Los daños sanitarios de la telefonía móvil sin duda serán negados durante tanto tiempo como los del tabaco. Si vuestro cerebro flaquea, es que estáis envejeciendo. Quizás será más difícil a la industria refutar su responsabilidad en la otra catástrofe en curso que nos amenaza igualmente: la desaparición de las abejas. Además de la eficacia insecticida sin igual de los Gaucho, Regent y otros pesticidas sistémicos, la contaminación electromagnética parece tener su parte en el “síndrome de colapso de las colmenas”, incluso desde la aparición de la telefonía “3G”, con una capacidad más elevada. A título indicativo, entre el 60 y el 90% de las colonias domésticas han desaparecido en los Estados Unidos desde 2006. Los agricultores norteamericanos tienen que importar colmenas para asegurar la polinización de sus árboles frutales. El mismo drama en Europa desde hace una decena de años: las abejas desaparecen sin dejar rastro. Ahora bien, nos recuerdan investigadores aguafiestas, éstas utilizan los campos magnéticos terrestres para orientarse, y emiten señales electromagnéticas de una frecuencia de 180 a 250 Hz durante sus danzas de comunicación.
Experiencia: situad cuatro enjambres de abejas a 800 metros de sus colmenas respectivas. Exponed dos de las cuatro colmenas a las emisiones de un teléfono inalámbrico, dejad las otras dos tranquilas. Observad las abejas. Resultados obtenidos por el equipo de los profesores Stever y Kuhn de la universidad alemana de Koblenz-Landau: los dos primeros enjambres encuentran muy mal, incluso en absoluto, su colmena comunicante, en tanto que las dos otras salen de allí muy bien. (46) Os lo habíamos avisado.
Recordemos humildemente a propósito de la “3G”, del Bluetooth y del Wifi que las abejas son estos insectos polinizadores que, al libar las flores, aseguran la fecundación indispensable para la aparición de frutas y legumbres. Un tercio del volumen de lo que comemos, para ser precisos. Pero no se puede tener todo: los tomates o el iPhone.


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