Escrito por Yosi_ el sábado, 26 de diciembre de 2009
Hoy divagando entre blogs me he encontrado en
getxoblog.org esta entrevista a Jose A. Pérez, guionista de TV, columnista en Público y autor del blog
Mi Mesa Cojea, hablando sobre el estado actual de los medios vistos desde dentro y dando una visión con más franqueza y bastante menor corrección política de lo que es habitual, que creo que merece la pena para cualquiera que, como yo, no tenga mucha idea (más allá de lo que puede indicar el sentido común) de lo que se cuece en las grandes productoras y agencias de comunicación que moldean la opinión pública en este país. Es largo pero tiene un formato bastante digerible y, tropezones ocasionales aparte, este tipo parece uno de los pocos miembros de la élite mediática actual a los que merece la pena escuchar.
Escrito por Yosi_ el miércoles, 28 de enero de 2009
Parece que a estas alturas ya hace tiempo que pintan bastos. Y por si fuera poco, todo hace pensar que la cosa irá para largo. Es curioso, porque salvo pequeños cambios originados por las lógicas transiciones generacionales, el mundo es exactamente igual que hace 5 años, cuando al parecer occidente se situaba en la cresta de la ola. A modo de pasatiempo trato de buscar los factores que hacen que, lo que antes servía para dar trabajo y sustento a un determinado número de personas, hoy en día nos conduzca directamente hacia la debacle. No ha habido catástrofes naturales especialmente reseñables, la producción de alimentos se mantiene en niveles lógicos, el flujo de materias primas sigue un ritmo predecible, el tercer mundo se mantiene obediente bajo el yugo del primero, y sin embargo de la noche a la mañana todo parece ir mal. "No es tan sencillo", dirán algunos, "dénse cuenta de las caídas de las ventas en el sector inmobiliario, la reducción de empleos como consecuencia, etc, etc...". Apasionante, de verdad, el juego es apasionante, podría dar pie a una nueva versión del gran SimCity, pero apartemos un poco la mirada de las hilarantes peripecias de esa panda de bits y echemos un ojo al mundo real.
Me parece estupendo que ustedes se lo estén pasando tan bien haciendo fluctuar los numeritos, pero aquí y ahora la cosa va de alimentar a personas reales, tan reales que el día menos pensado pueden tomar conciencia de lo grotesco de la situación y hacer que todos nos pongamos un poco más serios. Porque digo yo que si anteayer aquí (que cada uno se sitúe donde quiera) había recursos básicos para asegurar la subsistencia de X millones de personas, a día de hoy tiene que seguir habiéndolos, ya que no ha habido una ruptura sustancial entre ambas proporciones. Y dado que la situación es así, dejen de provocarnos jaquecas hablando de situaciones difíciles con gesto resignado y angelical, porque la coyuntura es tan fácil o tan complicada como cuando todo eran sonrisas.
Invéntense otra forma de hacer la comedia, a bote pronto se me ocurre proponer que empecemos a justificar el reparto empleando billetes del monopoly, pero no nos digan que donde hubo capacidad para mantener a todos y además para que cientos de personas se llenaran los bolsillos hasta niveles absurdos a cuenta de la infinita permisividad de las masas, ya no queda suficiente para paliar las necesidades más urgentes del pueblo llano. No nos cuenten eso, porque además de no ser en absoluto creíble, es ofensivo y de muy mal gusto. Pero puestos a pagar, si realmente de un día para otro han perdido la capacidad de multiplicar los panes y los peces, que pague quien corresponde. Yo no me inventé su juego, no impuse las normas, ni siquiera llegó a parecerme nada más que una gran majadería fruto de mentes tan interesadas como inconscientes, justo lo que a la postre ha demostrado ser. Pero cuando se juega con las vidas de tanta gente que nunca tuvo el poder para decidir lo que estaba pasando, un error no se enmienda con un tímido "lo siento", ni aún cuando se diga de forma sincera, que no es el caso. Se echa en falta una claudicación sincera, se echa en falta un verdadero sentido de la responsabilidad, y la inteligencia para reconocer que estamos al final del camino que se empeñaron en trazar en nombre de todos. Pero sobre todo, como de costumbre, se anhela una reacción acorde a las circunstancias que devuelva la vergüenza a quienes ya se han demostrado incapaces de sentirla de forma espontánea.
En declaraciones recientes en televisión, el Presidente del Gobierno afirma que "hay que consumir", y lo hace sin despeinarse, sin palidecer, sin dar muestra alguna de estar consumiéndose en su propio descaro. Tal vez ese señor no se da cuenta de que nadie es tan sumamente estúpido como para no consumir lo que necesita si se le da la opción de hacerlo, o tal vez esta afirmando con toda la cara que esa patología endémica conocida como "consumismo", consistente en hacer uso y abuso de una cantidad de bienes muy por encima de las necesidades reales, es en realidad una especie de panacea totalmente deseable como buque insignia del progreso social. Para quien no vea lo grave del asunto, esto es algo así como empujarnos a la ludopatía, como sugerir que introducir monedas en máquinas tragaperras sin finalidad aparente supone una excelente forma de mover la riqueza a un ritmo suficientemente vertiginoso como para que nadie se de cuenta de lo que están haciendo con ella.
En el fondo eso es exactamente lo que pasa, nada más, y de hecho es precisamente eso lo que han estado pidiéndonos durante años empleando métodos más o menos ortodoxos. Ahora bien, el hecho de que un presidente teóricamente de izquierdas (ya ni siquiera me da la risa, lo siento), presunto adalid de la igualdad social, de la sostenibilidad, de la conciencia ecológica, aparezca en un gran medio de comunicación afirmando abiertamente que nos entreguemos a la fiebre de adquirir compulsivamente lo que no necesitamos, pone un punto y aparte en la carrera hacia la autodestrucción. Ya sólo nos quedan unas pocas pinceladas como colofón a tanta estupidez, supongo que, como siempre, será sólo cuestión de tiempo.
Escrito por Yosi_ el jueves, 6 de marzo de 2008
Ya hemos sufrido el fragor de otra campaña electoral, y como de costumbre hemos acabado hundidos en la mediocridad hasta lugares insospechados. Cambian las caras, pero las formas y el fondo continúan exactamente igual que hace 4 años, hace 8 o hace 16. Lo grave de la situación para quienes tratan de que siga a flote es que los espectadores si que han cambiado ligeramente, y aunque los que pasaban del tema siguen haciéndolo (nadie ha dado motivos para un cambio de actitud), hay muchos veteranos sufridores del circo político que antaño se mojaban y desengaño tras desengaño han ido perdiendo todo atisbo de motivación. Los intentos de (la escasísima) participación activa en nuestro sistema político ya han tornado para gran parte de la población en gris rutina; gris como los perros de antaño, como los uniformes de los actuales candidatos, como el único futuro que esa panda de incompetentes sabe pintar. Y nótese que a diferencia del resto del mundo, no me refiero únicamente a la santísima dualidad que copa la inmensa mayoría de los medios de difusión, las paredes de las ciudades y las cabezas del cruelmente bombardeado pueblo llano.
Posiblemente una de las notas de color (un color patético, ridiculamente ególatra y vergonzante, eso sí) la haya puesto la famosa universitaria del striptease progresivo. He dudado acerca de comentar esto, porque me parece hasta cierto punto poco digno dar difusión a una acción de esas características, pero viendo que ya se ha hecho eco hasta el apuntador, creo que merece la pena señalarla como ejemplo simbólico de lo que jamás se debería aplaudir.
La historia, para el que no la conozca, consiste en que una estudiante de (al parecer) ciencias políticas que se ha propuesto desnudarse online, quitándose una prenda por cada decepción inflingida por los candidatos a la presidencia de los dos partidos mayoritarios.
Escrito por Yosi_ el sábado, 22 de diciembre de 2007
Me parece vergonzoso. No voy a tratar de ser la voz discordante que vaya a apoyar la decisión del gobierno respecto al famoso canon patrocinado por SGAE, que a mi parecer ha llegado a niveles de surrealismo preocupantes. Desde luego las anteriores medidas ya resultaban indignantes, y desde mi punto de vista carentes de cualquier posibilidad de justificación, básicamente porque siempre se centraron en buscar el beneficio de las grandes compañias y los autores de cierta relevancia a nivel social tratando de perpetuar a la fuerza un modelo de negocio en extinción en contra de la realidad social por un lado, y de todos los autores que aún no se habían subido al barco por el otro. Porque no nos engañemos, la agonizante gallina de los huevos de oro que con la debida atención clínica aún tiene fuerzas para sufragar las mansiones de los cuatro privilegiados ha servido en gran parte para frenar (afortunadamente no detener) el avance de quienes han intentado abordar otras formas de difusión y asumir alternativas a la hora de redefinir conceptos cada vez con menos contenido real.
Lo nuevo sigue la línea que ya había sido marcada con anterioridad, pero echándole cara, buscando resquicios más allá de la sospecha remotamente razonable para llenar la saca con la mayor celeridad posible mientras el chollo aguante. Sin duda es indignante, para que negarlo (más adelante explicaré la razón, que probablemente no coincidirá con la mayoritaria), una de esas cosas que se escuchan meneando la cabeza e insinuando entre dientes “lo que hay que oir”. Y sin embargo mucho más grave que la vertiente económica del asunto me parece la puramente ideológica que se está acometiendo a nivel mundial, con esas gigantescas campañas de concienciación que tratan de convertir en delincuentes a la práctica totalidad de la sociedad. Evidentemente conseguir que funcionen a gran escala implicaría un importante ejercicio de “doblepensar”, porque es obvio que la gente no va a cambiar un comportamiento ya arraigado que pese a los esfuerzos de las altas esferas no se ve como algo condenable, pero no deja de ser descorazonador como se dilapida el presupuesto público en esos intentos moralizadores.
De todas formas lo interesante de este tema no es todo lo expuesto ahí arriba, sino las contradicciones a las que da lugr. Voy a partir de lo personal, algo que en general considero intrascendente, pero que en este caso he decidido pormenorizar para evitar caer en el saco de quienes defienden una misma postura debido a criterios muy diferentes, en ocasiones opuestos.
Yo no tengo nada en contra de que un porcentaje de mis impuestos sea dedicado a la creación y difusión de cultura en cualquiera de sus campos, es más, me parece algo digno de ser considerado.
Escrito por Yosi_ el lunes, 15 de octubre de 2007
Después de ver en
menéame la noticia de un hombre que ha decidido subastar en
Ebay su voto para las próximas elecciones generales no he podido evitar profundizar sobre la reacción que en principio me ha producido y tratar de sacar conclusiones acerca de ello.
En este caso el autor del anuncio afirma que donará el importe que obtenga de la venta a una ONG, ya que solamente trata de generar un debate público entorno a la situación, ¿pero que pasaría si el procedimiento se extendiera, pasara a ser un negocio en manos de grandes corporaciones y ello se convirtiera en un factor determinante del resultado de los comicios de ahora en adelante? Bueno, en principio la cuestión parece moralmente reprochable, y he de reconocer que esa ha sido mi primera reacción al leer la noticia.
Escrito por Yosi_ el jueves, 5 de julio de 2007
Parece que la situación tenía que salir por algún sitio. El absurdo que como de costumbre arrastra a las masas entre mentiras y alarmismos rancios necesitaba con urgencia de una respuesta contundente, lo que en términos políticos equivale a salirse por la tangente, ya que al parecer hasta el argumento mas razonable cae rendido frente a la repetición de los tópicos manidos de siempre. Que por cierto, cabe preguntarse si el problema de debilidad estructural se sitúa en los "brillantes" oradores, en la enorme destreza intelectual de la audiencia, o tal vez esté como de costumbre tambaleándose indecisa entre tanta ineptitud.
Da igual, y lo más triste es que hasta el momento este texto es totalmente atemporal. Podría estar hablando de casi cualquier acontecimiento de masas donde todo se reduce a la explotación de slogans y panfletos simplistas. Pero hoy vengo a hablar de la limosna del presidente. De verdad que me sorprende una salida del tiesto de semejantes características y hay que reconocer la originalidad teniendo en cuenta los temas de conversación y batalla habituales de la clase política. Hablo del hecho de que Zapatero, cual anciano y entrañable abuelo de familia numerosa se haya sacado de su vieja chaqueta de pana una propina para todo aquel que tenga la deferencia patriótica de tener descendencia. Algo que yo hasta hoy consideraba una decisión de enorme gravedad y trascendencia va a verse condicionado, según nuestro eficaz gobierno, por una prima de 2500€ por cabeza traída al mundo.
No puedo evitar echarme a temblar, en caso de que eso sea cierto, al pensar en el tipo de persona cuya balanza se inclina en uno u otro sentido a la hora de sopesar la maternidad (o paternidad) en función de una suma de dinero que ni siquiera cubre los gastos de un trimestre de una familia media. Porque podría llegar a entender que la dificultad de asumir la manutención que una criatura requiere resultara un fuerte condicionante, y que el hecho de encontrar un mecenas dispuesto a sufragar la broma marcase realmente la diferencia. Pero no, no se da el caso, esa miseria no le puede dar seguridad a nadie con dos dedos de frente. Y yo me niego a creer que haya gente así, quiero pensar que a pesar del enorme fracaso educativo de los últimos tiempos que podría suscitar desconfianza y sugerir una dejadez esperpéntica de las responsabilidades pedagógicas parentales, las personas al menos en ese aspecto aún tratan de hacer las cosas bien, motivadas por sentimientos mas nobles que un miserable puñado de monedas.
Siento ser malpensado, pero la única conclusión lógica a la que puedo llegar es que esto haya sido una maniobra de distracción de los temas que escuecen al ejecutivo (como suele pasar cuando se presta oidos a palabras necias). Supongo que habrá quien diga que "menos da una piedra" y que más vale encontrarse con eso que con nada. Puede ser, no lo sé, yo siempre creí que de nada sirve ir por la vida regalando peces a quien tiene hambre, que lo que realmente puede solucionar las cosas es enseñar a esa gente a pescar. Soluciones reales, a largo plazo, no limosnas a destiempo, sin razón, sin fundamento, y sin proporción de ningún tipo (porque al margen de la inutilidad de la medida, no deja de ser paradójico que se dedique la misma cantidad de euros a una familia de multimillonarios que a quien no llega a fin de mes).
De nada sirve maquillar lo triste de la situación con amagos de política social mientras por debajo de la mesa se pacta con el empresario en detrimento de todos los demás, mientras se alega como motivo de alegría que ha subido la economía cuando lo único que ello implica es que el Banco de Santander ha crecido en bolsa (lo cual a su vez quiere decir que hay mas millones de "pringaos" dejándose la vida en una hipoteca, por cierto). Porque repartir donativos a estas alturas mientras el salario mínimo permanece muy por debajo del precio de alquiler de una vivienda en cualquier ciudad de tamaño medio es, aparte de inútil, muy indigno. Ya está bien de actuar de cara a la galería, de llamar democracia a una sucesión de campañas de marketing, ya está bien de mostrar de forma tan desvergonzadamente evidente que es mucho más importante tener el poder atado y bien atado que solucionar los problemas del pueblo. Porque ya que es imposible pedir honestidad, honradez o altruismo, al menos podríamos exigir que no nos tomen por tontos a la puta cara.
Escrito por Yosi_ el lunes, 28 de mayo de 2007
Habría que preguntarse en que momento de la historia reciente perdimos la partida, si alguna vez tuvimos oportunidad de ganarla y si somos conscientes del sitio al que hemos llegado. Hay una cosa bastante clara, a estas alturas casi todos nos tomamos esta democracia como lo que es, una competición al margen de la realidad ciudadana. Cada cierto tiempo se celebran elecciones, la mayoría de la gente sigue yendo a votar (porque la abstención ideológica es muy minoritaria) y aún así el entusiasmo o la decepción que provoca en el ciudadano de a pie es inferior a una victoria de Fernando Alonso o el resultado de la Liga de fútbol. Porque al margen de los colores de cada uno (que los hay, se es del PSOE o del PP como se puede ser del Madrid o del Barça, motivaciones incluidas) somos perfectamente conscientes de que la repercusión en la vida diaria va a ser mínima, cualquier otro acontecimiento cotidiano tiene más trascendencia en nuestras vidas.
Sabemos que gane quien gane, ganan ellos, los políticos, y perdemos todos los demás. Sabemos que las reglas del juego están puestas desde hace mucho tiempo y que ninguna agrupación política va a luchar por salirse de ellas, porque de hecho la mera participación implica la aceptación de las mismas. El tablero es cómodo y el juego muy rentable, un par de promesas, de pequeñas alteraciones sobre el fluir general de las cosas, bastan para establecer los equipos. Lo demás es siempre igual, a estas alturas tenemos muy poco que decir. El nivel de vida cae en picado mientras atendemos a banalidades, todos son depredadores intentando arrancar nuestros frágiles derechos para venderlos al mejor postor con una técnica depurada consistente en usurparnos las verdaderas preocupaciones y cambiarlas por problemas ficticios, aparentes, que estimulen el enfrentamiento que alimenta a la bestia y abre más y más el abismo que nos separa a unos de otros y que cada día hace mas inviable (si cabe) un puñetazo en la mesa, un "hasta aquí hemos llegado", la conciencia colectiva que podría darnos la fuerza suficiente para cambiar el rumbo de este viaje abocado al fracaso.
No se cuál habrá sido el resultado final en ese mar de cifras, de declaraciones cruzadas que aseguran el éxito simultáneo de todos los supuestos oponentes, no lo se y me da igual. Yo he perdido.