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No digas todo lo que piensas, pero procura pensar todo lo que digas 
Escrito por Torres el miércoles, 5 de noviembre de 2008

En el momento, en Ruanda, y a su debido tiempo, la justicia fue dada de lado. Emergía una lucha étnica que provocó que los cuchillos y las armas de los Hutus sobre los Utsis dejaran finalmente un saldo de alrededor de 900.000 cadáveres. Mientras los poblados y las calles del país amanecían a rebosar de cadáveres degollados, las potencias europeas y los Estados Unidos daban la espalda al problema, negandose a la intervención en el país para forzar la seguridad y el final de tal masacre humanitaria. En algunos casos, algunos de estos países resultaron hasta cómplices; tal como es el caso de Francia y su apoyo logístico a los criminales Hutus o el de los Estados Unidos y su reticencia a la denominación del fenómeno como genocidio, lo que permitía su actitud evasiva ante el problema. Resulta descorazonador ver como se permitió dejar a todas esas víctimas indefensas ante el día a día que caracterizó aquellos fatídicos meses y que estaba contaminado por violaciones sistemáticas (casi cada una de las mujeres que sobrevivió al genocidio fueron violadas, y los niños nacidos de esa violación, asesinados) desplazamientos masivos de personas y los múltiples asesinatos.


En el momento, en Ruanda, y a su debido tiempo, la justicia fue dada de lado. La reacción y el clamor social vino más tarde, hasta que el tema en cuestión apareció en la agenda pública e incluso ha llegado a inspirar toda una serie de libros y diferentes películas con el objetivo de sensibilizar a la opinión pública. El primer éxito fue la creación del Tribunal Penal Internacional ad hoc, creado especialmente con el fin de hacer justicia ante estos hechos determinados. Hoy en día existe un consenso unánime, y todo el mundo tiene asumido sin mayor traba lo cruel de los hechos y su enorme magnitud.


Por tanto, y como parece obedecer al sentido común, este clamor social y esta sensibilidad ante los atroces e inhumanos hechos desvelados tienen el aval de la consideración de lo políticamente correcto. Se puede leer que la cifra de víctimas mortales civiles en Irak por parte del ejército estadounidense asciende a 1.200.000, y sin embargo, aquí nada resulta tan obvio. La figura del hasta ayer presidente de los Estados Unidos (o del responsable de defensa o cualquier mono del poder corporativo de los EE.UU) puede resultar más o menos del agrado de cada uno, pero en cualquier caso y a pesar de las valoraciones personales la opinión pública general sigue aupándole en la élite como uno más de los respetados y dignos hombres acorbatados adalides de la democracia. Al verles en pantalla o al oir sus nombres podemos sentir agrado o repulsión en diferentes grados, pero ahí no estriba el quid de la cuestión sino en que, a diferencia de los responsables del genocidio anterior, estos parecen no tener las manos manchadas de sangre ni su nombre va asociado abiertamente y de forma manifiesta a terribles crímenes contra la humanidad. Entiendo entonces que la apreciación y la valoración de hechos similares se fundamenta en algo tan vulnerable ante los medios de comunicación de masas y la voluntad del poder como es la opinión pública. A parte, los mismos Estados Unidos toman parte activa en su defensa sirviéndose de su inmenso poder para vetar las posibles acciones penales en su contra fundamentadas en delitos de guerra y contra la humanidad, todo ello en un despreciable juego de garantías democráticas y judiciales omitidas. En el momento, en Irak, y a su debido tiempo, la justicia esta siendo dejada de lado.


La ocupación de EE.UU y la muerte de más de 1.000.000 de civiles en el primer puesto del ranking de las noticias más censuradas por el Proyecto Censurado.
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