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Escrito por na el miércoles, 15 de abril de 2015


Gracias.

Escrito por na el miércoles, 15 de abril de 2015

Necesito decirte que estoy aprendiendo.

Y que este contacto forma parte de la práctica requerida en un proceso de formación sin validez académica.
Y bajo mi ética, sin validez profesional.

Antes de tocarte necesito decirte que, con validez o sin ella, este tipo de contacto es terapéutico, porque plantea un modelo del ser distinto al establecido. Alternativo al sistema que, en mi opinión y en mi vivencia, nos enferma.
Terapéutico porque plantea al ser la posibilidad de ser.
De ser consciente de su energía pulsando.
Pulsando interconectada en un campo energético mayor.

Esta terapia que, ahora sí, estudio, trabaja con la pulsación del líquido cefaloraquídeo.
Pulsación energética perceptible con aparatos y tambien con unas manos sensibles y entrenadas.
Como el oído, como el resto de los procesos perceptivos.
Y para entrenarme, tengo que tocarte.

Y no sé aprender sin equivocarme.

Tambien necesito decirte que, para mi, el nivel energético sólo admite el reflexivo para ser terapéutico.
Eres tú quien te curas a ti mismy.
La labor del terapeuta se basa en la práctica del no hacer.
De vibrar para no interferir en la salud inherente del ser.
Y eso requiere practicar el silencio, practicar la escucha y practicar el contacto.
Y todo eso lo practico conmigo misma antes siquiera de pensar en tocarte.
Y desde ese estado alterado, desde esa presencia, puedo acercarme sin dañarte.
Básicamente la intencion es afinarme para hacer de diapasón.
Para que en tu propia vibración resuene. Y puedas afinarte a ti mismy.
Y al hacerlo, puedes movilizar bloqueos energéticos sin palabras.
Aparentemente sin motivo para el modelo médico establecido. Sin lógica ni razón, mas allá del placebo y la sugestión.
Y no sólo durante la sesión sino en cualquier momento posterior.
A mi me ha pasado y me he quedado flipando.
Incapaz de comprender por completo mi propio proceso.
Y quiza por eso lo cuento.

Por eso necesito decirte que este enfoque opera a un nivel mas profundo del únicamente admitido como válido.
Y al hacerlo, se adentra en tierra de nadie.
No necesito saber que tengo el potencial de autorregularme para autorregularme.
Simplemente sucede aunque no me dé cuenta.
Y por eso, pese a todo, estoy viva.
Y por eso, pese a todo, soy libre.
Aunque no lo sepamos. Todavía.
No necesito saberlo para que funcione, pero si me doy cuenta ayuda.
Para dejar de boicotearme.
Para dejar de interferir en los procesos naturales y dejarlos seguir su curso. Un curso historicamente perseguido.
Para dejar de vivir todo el tiempo con el sistema nervioso simpático activado, como fuera el único modo de funcionar, sólo porque nos vuelve más "eficientes" aunque todo lo demás pete. Como si sólo pudiéramos ser inconcientes ante el estrés, los traumas y toda la carga asociada.

Al tocarte pretendo transmitirte una manera de activar el sistema parasimpático a voluntad.
Y sólo puedo hacerlo con el ejemplo.
No es inconsciente, no es un milagro.
Es la vida funcionando.
No es algo que tengamos que conseguir, es algo de lo que formamos parte.

Para notarme, a mi me ayuda relajarme, y tumbarse suele ser relajante. Además de accesible y barato. Nos tumbamos antes de dormir, y nos quitamos los zapatos. aunque tambien puedo dormir sentada y calzada. No hay recetas. Tienes que escucharte y eso solamente lo haces tu. Tu soly.
Despues de relajarse, ayuda concentrarse. Mantener a la mente pensante entretenida con las sensaciones corporales de las aletas de la nariz (por ejemplo). Al hacerlo, le doy al guardian un hueso duro de roer para que se distraiga (con cualquier cosa que le lleve a su cuerpo) para poder entrar en palacio.
Y ayuda meditar porque desde una actitud meditativa es mas fácil percatarse de la consciencia y la energía que opera por debajo del radar del ego y de la identificación con la materia y la mente consciente.

Y necesito decirte todo esto para que me des tu permiso y tu consentimiento informado de lo que llevo entre manos antes de tocarte.
Para que no me dejes acercarme si algo de esto no te cuadra.

Escrito por na el viernes, 10 de abril de 2015

El ayuno altera las puertas de la introspección y la percepción.

Y puedes comprobarlo.

No es coincidencia, ni es casualidad que las tradiciones que hablan de energía, usen el ayuno como vía.
Conscientes del potente efecto de ese estado alterado para break on through al otro lado.

Para conocerse y sanar.
Para escucharse y conectar.

"Que tu alimento sea tu medicina".
A Hipócrates, nada menos, se le atribuye.
Y por él perjuran quienes aun recetan.

Sí, la humanidad está enferma.
Y a esa enfermedad contribuyen, deliberadamente, la industria alimentaria y la farmacéutica.
Entre otras, claro.
Rentables negocios que publicitar para vender, otrora necesidades básicas que satisfacer para ser.

Cómo cambia el cuento.

He descubierto, en plan sincronicidad, Una Dulce Revolución.
El impresionante trabajo de Josep Pàmies.
Gracias.
Y su labor me ha servido para poner ciertos hábitos en perspectiva.
Para reencuadrar algunos conceptos y enriquecerlos.
Bueno, o eso creo.

No es casualidad ni coincidencia el enfermante consumo de azúcar, de carne, de lácteos... entre los adormecidos estómagos privilegiados.
Cebándonos así no tenemos energía para darnos cuenta de lo jodidys que estamos.
Ni falta que hace...¿verdad?
!Bastante tenemos ya!
Porque si nos diéramos cuenta, no podríamos seguir impúnemente llamándolo inconsciente.
Ni ser conscientes y seguir comprando en el supermercado.
Lo siento, no se puede.
Percatarse implica cambio.

Y ayunar te cambia al nivel más fundamental, al nivel bioquímico, metabólico, energético...
Es una herramienta muy poderosa y eficaz en esto de la salud y la conciencia y lo suyo es usarla con precaución y prudencia.
Con cuidado y con cariño.
Ahora, tú haz lo que quieras.
Allá cada cual con su conciencia.
Pero es tan fácil averiguar lo que te sienta bien a ti.
Tan sólo hace falta escucharse, no con las orejas, ni las palabras, sino con la atención y la consciencia.
Con la presencia.
Los límites y las maneras corresponde a cada cual descubrir y quizá, algún día, compartir.


Lo que tengo muy claro es que los desbarajustes ocasionados por el modo de vida domesticado son parcheados con fármacos, cronificando enfermedades, interfiriendo en la inherente curación de la vida mientras vive.

Y tenemos que pararlo.

A Paracelso atribuimos: "La naturaleza cura, el médico cuida".
Y enfermamos al cortar las raíces con nuestro vínculo ancestral.
Conozco demasiadas personas que viven sin saber que tienen el poder de sanarse.
Los médicos, las plantas, la comida... pueden ayudar y tambien pueden perjudicar.
Los seres humanos nos equivocamos y acertamos hagamos lo que hagamos.
Por eso, la responsabilidad sobre tu salud es tuya y tuya es la decisión y no de las autoridades sanitarias que silencian, recomiendan y prohíben para que no nos timen con cuentos (claro).
Pero para decidir cómo quieres curarte, primero debes saber qué alternativas tienes para curarte.
Y hay un mundo entero ahí dentro por cartografiar.

Me he dado cuenta, con ayuda, que el poder de sanarme se abre en mi interior cuando mi vibración no contradice los principios de la vida de la que formo parte.
Y a poco que observe la vida, me percato de sus ciclos.
De sus primaveras y sus inviernos.
De sus días y sus noches.
Y esas cositas que tanto me fascinan.

En esto de la alimentación, según la antidieta de los Diamond, hay tres ciclos básicos.
Ciclos lógicos de fácil comprobación:
Apropiacion.
Asimilación.
Eliminación.

La lógica y la razón se oponen a los hábitos y mentiras en los que he sido educada.
Principios que siguen publicitando.
Es lógico y racional darse cuenta que si como, cago.
Y si no conozco, ni respeto, mis ciclos biológicos, si la mayoría de la alimentación, de la mayoría de mis días, la forman alimentos concentrados, si no combino lo que me trago como toca segun mi actividad y la época de mi vida y del año, si nada de eso hago, es cuestión de tiempo que mi sistema pete.
O se sobrecarge tratando de compensar todos los desequilibrios que impone la tradición, la moda, el interés de turno.
Si necesito algo para comer y cagar, es que algo va mal.
Y me da igual que sean pastillas que all bran.
Curarse no es depender de algo para funcionar.
Curarse es equilibrarse.
Y eso sucede siempre en reflexivo.

Los malos hábitos y la mala calidad de los alimentos que ingerimos, donde prima la productividad y el beneficio sobre la salud y el equilibrio, donde hemos conseguido comercializar el producto sintetizado en laboratorio y prohibir la planta de la que se extrae el principio activo, donde las desigualdades y las injusticias con la comida hace tiempo que traspasaron el umbral de la cordura...

¿Hasta cuando?
No, en serio, ¿hasta cuando?
Tenemos las plantas y las plantas no tienen dueño.
Son de la naturaleza, y la naturaleza somos todas las especies.
Todo el ecosistema.
O lo éramos, claro.

He pasado mucho tiempo atrapada en la fase de digestion (comiendo aunque fuera a comer, incluso aunque acabara de comer) Y me doy cuenta que la costumbre de picar, energéticamente me agota.
Me obliga a estar siempre apropiando. Siempre en este lado. El único lado que según la medicina oficial existe.
Sin tiempo para asimilar, sin tiempo para eliminar lo que no me sirve antes de que se me pudra.
Identificaba como hambre las sensaciones en mis tripas, porque comía y momentáneamente se me pasaba.
Pero hambre no era.
Eran mis entrañas gritando mis bloqueos.
Mientras hago la digestion no me doy cuenta, porque mi energía "inconsciente" va a lo "importante" y deja el reequilibrar los traumas para luego, pero todo esta programado para que luego nunca llegue.
Para que no podamos activar el parasimpático "sin querer" aunque sea necesario y terapéutico.
Y muchísimo menos a voluntad.

Ayunar me purga.
Me limpia, me vuelve ligera
Me libera de la carga de nutrirme de mierda.
De cocinarla y fregarla.
Y consigo ir hacia dentro mas fácil.
Ahora comprendo por qué me refugiaba en la comida.
Y comprendo porqué los trastornos alimentarios están tan generalizados en estos criaderos de miserables y de miserias que llamamos primer mundo.
Y por lo visto, cada día mas.
Sin fondo.
Cada vez menos autorreguladas.
Menos libres, menos humanas.

No, no es azaroso ni aleatorio, ni es casualidad ni coincidencia que la humanidad civilizada siga enferma.
No solo cuenta el robo patriarcal y el trauma original.
El estado de carencia lo perpetuamos en cada respiración egóica y en cada digestión tóxica.
Y no no nos damos ni cuenta.
A veces parece que ni siquiera queramos darnos.
Hay demasiados intereses en juego para que así sea.
En pocos temas, la falta de equilibrio, de ética, la pérdida de los principios de la naturaleza y de la vida es tan patente como en aquello que hace ser al ser.
Lo que le nutre, lo que le cura, es más vital de lo que parece.
O mucho me equivoco, o la renuncia del pan, es tan revolucionaria como su conquista.
Por eso propongo la observación y la escucha, la experimentación y la investigación en uny mismy para desmontar las mentiras que nos enferman.
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Escrito por na el martes, 17 de marzo de 2015

He descubierto algo nuevo en mi interior.
Algo en lo que creía, algo que debía existir.

Me dijeron que la especie es consciente de sí misma.
Y me lo creí.

Y cuanto más lo creía, más lejos estaba de mi.
Y era tan fácil acercarse.
Y es taan fácil.

Yo buscaba algo difícil, para alimentar a mi ego y a su pozo ciego.
Y no lo encontraba.
Aunque me engañara.
Precisamente porque, como describe Eckhart Tolle, está en el ahora.
Ni en la castración pasada, ni en la esperanza futura.

Centrate: ahora.

Y me fulcro y vuelvo a reconducir mi atención a mi presencia.
Sin juicio.
Y esa actitud, esa postura, la incorporo a cualquier cosa que hago.
Como dice Nacho Montero-Ríos, meditar es eso. Gracias.
Y no hace falta irse a la montaña, ni raparse la cabeza, ni sentarse a cruzar las piernas.
Nada de eso es esencial.
Que los rituales y los santuarios molan, siempre y cuando no nos perdamos en ellos.
Se vuelven asfixiantes.
¿Lo notas?

Cuando no sé lo que es estar presente, no importa.
Focalizo mi atención en las sensaciones corporales de las aletas de mi nariz.
Y cuento las respiraciones completas (inspiración+expiración=1)
Mi atención no está en la respiración porque entonces la mente interfiere y distorsiona.
Mi atención está en la nariz.
Mi mente cuenta. (1, 2, 3...)
Si me pierdo, no importa.
Sin juicio vuelvo.
Si me pierdo más de tres veces, lo dejo: estoy atacá.
Tambien pasará.

Cuanto mas lo pruebo, más y mejor me nutre.

Y voy a mi ritmo, asimilando. Integrando.
Con precaución para no indigestarme. Otra vez.
A veces hacia delante y otras haciendo cosas como la de hoy.
!dios!


De manera indicativa, me gustaría recordar los puntos de inflexión en mi proceso.

0.- Ausencia de proceso.

Desde muy temprana edad fui consciente de que yo no era "normal".
No era como los niños y tampoco como las niñas.
No importaba lo mucho que lo intentara, lo mucho que me esforzara, ni todo lo que me sacrificara para conseguirlo.
Pronto me di cuenta que era diferente, distinta, rara.
Nadie me dijo que todys somos únicys e irrepetibles.
Y "crecí" considerandome tarada.
Tratándome muy mal.
Haciéndome y haciendo mucho daño.
Y no había proceso, ni desarrollo, ni aprendizaje.
Era designio de la genética y del "ambiente en condiciones normales" al Salomónico 50% y como la genética es intocable, sólo me quedaba tratar de cambiar el ambiente para cambiar yo.
Viva la revolución.
Y lo que de ahí se salía era religión, era creencia y por tanto motivo para diagnóstico y tratamiento de por vida.
Por genios como los que hoy medicamos, sabemos que ya no estoy poseida por el diablo.
Estoy enferma. Y claro, no tiene cura. Tan sólo pastillas y resignación. Y castigo si no.

1.- Los enfermos sois los normales.

En un momento de mi vida, por razones que no vienen al caso, la consciencia de mi misma cambió.
Del no soy normal, estoy enferma, pasé a darme cuenta que la enfermedad es la normalidad y que mi mismo mal comparto con la humanidad. Conocer el mapa y el ejemplo de Wilhem Reich, conocer conceptos como la autorregulación y la plaga emocional, me ayudó en el largo proceso de iniciar el proceso.
El penoso proceso de llevar las palabras a los hechos.
El gratificante proceso de encontrar el coraje para salir del pozo y plantarme.
Para ergirme arraigada. Gracias.

2.-El miedo a la bestia.

Al explorar mi pozo de desesperación, encontré a la bestia.
Encontré lo peor de mi.
Lo que más había negado, reprimido y ocultado.
Todos mis traumas, toda mi carga emocional.
Y sentí el terror y el dolor paralizante, invalidante.
Creí morir la primera vez que, hipnotizada, la ví entera.
Con toda su rabia, con toda su fuerza.
Me asusté mucho de mi.
De esa parte de mi que me negaba a admitir como yo.
Y huí.
A cualquier lugar menos ahí.
Y al hacerlo me dividí.
Dividí la consciencia de mi misma.
Encerré a mi bestia en lo más oscuro y profundo de mi ser, para seguir impunemente torturándola y torturándome.
Victima y verduga.
La mayor parte del tiempo invertía toda mi energía en tratar de controlar al mostruo.
En mantenerlo encerrado e incomunicado para que nunca, jamas, saliera a la aséptica superficie desde la que me relacionaba.
Y volqué toda mi consciencia hacia fuera.
Al principio parecía que casi ni se notaba, pero conforme fui alimentándola, la jaula se fue quedando pequeña.
Y cada vez ocupaba más parte de mi.
Y cada vez me desbocaba más, por las cosas más insignificantes.
Cada vez la bestia se hacía mas fuerte que yo y quedaba menos dentro de mi que mereciera la pena sanar.
Durante todo el tiempo que permití que la bestia campara a sus anchas, yo, para "protegerme" me metí en la jaula.
Y dentro de mis propios barrotes, me fui haciendo pequeña.
Hasta convertirme en un punto.
Gracias a Javier Malonda y su blog creo que he logrado entenderlo.
Llegué a un punto en el que la bestia se encargaba de todo, a fin de cuentas, era inconsciente.
Y pasaba semanas enteras con el piloto automático.
Y las semanas se convirtieron en años.

3.- Del miedo a la compasión.

Y de repente, algo cambió. Más bien, muchas cosas cambiaron.
Lentamente y a la vez.
Me dí cuenta, con ayuda, que mi consciencia, que mi bestia, que mi jaula y que mi yo, no eran decisiones que yo tomara de un día para otro, decisiones por las que fustigarme, sino procesos con los que me identificaba.
Eso hizo que todo cambiara.
Eso hizo que todo se flexibilizara.
Desde el anclaje seguro de las aletas de mi nariz, me dediqué a observar a la bestia en la que me había convertido. Y el miedo que sentia hacia ella, el miedo que sentía hacia lo que sentía, desapareció cuando la miré a sus ojos rojos y vi al animal herido que hay debajo de la rabia, del miedo y del dolor. Al que había torturado hasta convertirme en lo que más me paralizaba.
Y al darme cuenta mi autoconciencia cambió. Hice las paces conmigo. Cuando me equivoco ya no me fustigo por haberme desviado del camino que mi ego traza. Lo acepto. Lo exploro. De las peores experiencias pueden surgir los mejores aprendizajes. Perderme ya no me da miedo porque creo que he aprendido a orientarme.
Cómo me interpreto, cómo me percibo y me trato, cambia cómo vibro.
Y como vibro lo cambia todo.

Escrito por na el miércoles, 4 de marzo de 2015

En lo que me parece otro de mis desesperados intentos de seguir retrasando el ahora entero, ahora mismo, va y llega la primavera.
Así como acostumbra a llegar ella.
Sin importarle lo que digan calendarios, publicistas y agendas.
Y me siento como una quinceañera.
Otra vez.
Y eso lo cambia todo.
Otra vez.

Y me doy cuenta que puedo vivirlo como un pecado, o puedo vivirlo como un regalo.
Puedo reprimirlo, negarlo, evitarlo, sublimarlo...
Puedo hablarlo, puedo callarlo.
Puedo torturarme, puedo disfrutarlo...

He vivido algunas primaveras y reconozco mis síntomas.
Pero nunca me había parado a observarlos desde dentro.
El diagnóstico es claro: llega hasta el tuétano.
Y no comprendo cómo ha podido llenarme tanto, tan profundo, tan rápido.
Ignoro de dónde viene esta fuerza, esta vitalidad, esta energía que ahora mismo estoy sintiendo.
Y no sé cómo he podido bajar la guardia cuando ni buscaba, ni merezco, todo esto.
No tengo ni idea de cómo ha podido pasar, por qué a mi, por qué ahora, por qué así.
no lo entiendo y, ahora mismo, me da igual.
Está sucediendo. A pesar de todo. Y me doy permiso para explorarlo.

Sólo pensar en él, sólo pensar que existe, me hace sonreir.
Y voy como feliz por la vida.
Y me doy cuenta que puedo convertirlo fácilmente en otro pensamiento con el que obsesionarme, si no fuera por su presencia.
Por todo lo que siento dentro de mi cuando él llega.
Por cómo magnéticamente atrapa mi atención con su mirada, con su silencio, con su escucha y con sus hechos.
Por como me atrae una y otra vez al ahora.
El unico lugar donde encontrarnos.
Y me gusta tanto lo que siento que quiero acercarme mucho más de lo que procede.
Muchísimo más de lo socialmente aceptado y personalmente aceptable.
No es que sean imaginaciones mías, la tele dice que lapidan por menos.
Y donde ya no se estila es porque hemos encontrado maneras mas sutiles y efectivas de reconducirlas.

Y ahora mismo me duelen todas.
Otra vez.

Escrito por na el miércoles, 25 de febrero de 2015

Trato de explicarme
las razones que me llevan
a decirle que no
a algo que me apasiona.
Que me apasiona tanto que me obsesiona.
Y no puedo evitar que suenen a escusas.

Me cuesta explicar la pasión y la obsesión desde el lenguaje y la razón.
Y quiero recordarlo.
Quiero recordar las dificultades que voy encontrando.
Sin que la memoria se convierta en lamento ni en amargura.
Sino en oportunidad. De muchas cosas.
Muy a mi pesar, lo negativo siempre me pareció más enriquecedor y mas auténtico.
Precisamente porque no es fácil encajarlo.
Porque supone un desafío.
No basta con encontrar el cofre del tesoro.
Hay que abrirlo.
Y me doy cuenta que ahora no puedo afrontar el reto.
Porque se abre desde dentro.
Seguir estudiando no es opción.

Intento convencerme de que aplazar las cosas no es abandonarlas, que no estoy tirando la toalla, sino colgándola en la percha para cuando esté preparada.
Pero no puedo evitar vivir el "ahora no" como una renuncia al ahora entero.
Es difícil, para mi, asumir que ahora no puedo más.
Ahora no puedo compaginar mi formación con mi vida.
Y no puedo porque no quiero seguir echando el higadillo hasta que me muera.
No tiene sentido seguir robándole horas a mi salud.
No llego.
No importa lo mucho que me esfuerce, ni lo mucho que lo desee.
Es la primera vez que me pasa y me doy cuenta.
Es un duro golpe para mi parte racional, o lo que queda de ella, asumir mis propias limitaciones, mi propio cuerpo.
Entero.
Mi mente estaba acostumbrada a que todo lo demás le siguiera.
Y todo lo demás le seguía, porque no había nada más.
Nada de pulsación, nada de energía.
Tan sólo las puñeteras emociones plantaban cara, desgarrando el alma, a todos los " procesos cognitivos superiores"... qué tiempos...
Ahora hay más cosas, además de las emociones, desafiando a los imperativos de mi mente atemporal.
Tantas que necesito parar para integrar.
Para dejar de seguir dividida y fragmentada y rota.
Me siento vieja y cansada.

Hay facetas de mi vida que no puedo aplazar sin perdérmelas.
El crecimiento y el envejecimiento familiar, es una de esas.
sucederán esté o no presente.
Y esa certeza me frena.

Escrito por na el miércoles, 11 de febrero de 2015

Cambiar la concepción del ser que soy, implica cambiar mis manifestaciones.
Y eso implica al arte.
Por eso se llama arte.

De todas las artes, las que más me desafían y me fascinan, son las que funcionan en grupo.
Las que no sólo dependen del dominio de mi instrumento, sino que además, necesitan la relación, la interacción, la conexión...
Tanto como yo necesito esa vibracion compartida para la que no tengo palabras.
Todavía.
Es muy frustrante, para mi, no encajar con la versión estereotipada y esterotipante del ser y del arte.
Me duele no conseguir las condiciones que necesito para poder implicarme en los grupos de música de los que creía formar parte.
Y no quiero dejar de necesitarlas.

Me consta que, con dos grupos tan distintos, ya no es cosa de los grupos, es cosa mia.
De cómo concibo mi música.
De como la pienso, la percibo y la siento.
Y de mi incapacidad para funcionar en grupo desde mi concepción.

Mi música, para mi, no es una profesión, ni un negocio.
No es una magnífica composición magistralmente interpretada para sus palacios, sus desfiles, sus procesiones...
Ni un bello producto, ni un fruto perfecto.
Nada tiene eso que ver con la vibración que necesito compartir.
Y que no quiero castrar para encajar en la disciplina militar del esfuerzo por dinero, sin morder, sin autodescubrimiento.
Tampoco es vacío entretenimiento por el mero hecho de disfrutar.
Porque mi disfrutar incluye algo más que mi disfrute.

Y sí, apunto muy alto.
Mucho más alto de lo que yo sola puedo llegar.

Y cuanto más la escucho, mas claro tengo donde ni cabe, ni toca.
Y saber que distorsiona, no implica salir corriendo maldiciendo.
Ni implica ceder para intentar encajar en algo que no va conmigo.
Simplemente, me doy cuenta que tengo que seguir mi camino.
Hacia dentro.
Siento una enorme gratitud hacia todo lo que me han transmitido ambos grupos.
El vínculo perdura, o eso me creo, pero mi música se va.
Y voy a seguirla.
Aunque nadie más pueda escucharla.

No voy a renunciar a ella para materializarla.

Aunque suene mal, sé que mi música es mi arma, como cantó Ibañez y escribió Celaya.
Un arma que sabe donde apunta.
O no será.

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