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El sótanu del paraísu... 
Escrito por Sumiciu el martes, 29 mayu de 2007

Aportó'l día..



La triste cagalera (making off) - Rosendo


Que vergüenza, si tuvieras,
que te debiera de dar;
removerle la mollera
al incauto pertinaz.

Nunca satisfecha la ambición
y por la ley de la compensación;
solo piensa, hasta que sople
el viento a su favor,
en alimentar la desazón.

El endémico embustero
monta en cólera biliar
y en su propio reportero...
va fraguandose capaz

Vaya por dios si evitar puediera
la triste cagalera.

Presta es la hora,la ocasión,
por nuestro bien y nuestra salvación;
prende en mente del inconsciente,
que aprueba sin horror,
el comienzo de la destrucción.

Y el endémico embustero,
como decisión final,
blande su daga de acero
para combatir el mal.

Que vergüenza, si tuvieras...
que te debiera de dar;
removerle la mollera
al incauto pertinaz.

Vaya por Dios,...
si evitar pudiera la triste cagalera.
Ver Comentarios (1) Temes relacionaos: Música 

Escrito por Sumiciu el sábadu, 26 mayu de 2007

Venía oyendo sus pasos de lejos, aunque con gesto indiferente los fingía inaudibles. Quieto, temblando por dentro y con el cuidado preciso, contuve la respiración cuando nuestros caminos se cruzaron. Nada que no hubiera pasado antes, nada que no temiera.

Aprendí hace tiempo a andar sonámbulo entre los vivos, alimentarme de la indiferencia y perder el tiempo cavando mi propio agujero. Aprendí a caminar entre fantasmas que ven y vienen sin aviso previo. Se cuelan por mis poros, por mi boca, por mi nariz y por mis orejas, se cuelan sin pedir permiso por cada puerta que pueda dejar abierta. Entran, ocupan, deciden; y a modo de despieste, se hacen con las riendas. Raptan la sonrisa, borran el horizonte, se colocan sobre mi pecho y presionan con toda su fuerza; y yo, en un último intento, luchando contra mi respiración, por mantenerla.

Son cristales por las venas, venas que necesitan anestesia; un movimiento rápido, un no dar tregua para que no se me pare la sangre y corran los cristales, que corran tan rápido que no me rajen las venas.

Recojo una montaña de frases,
las que me tragué,
las que me esnifé,
las que se quedaron presas.
Aquellas que me hacen cautivo y por hacer,
me hacen el trueno de la tormenta.
Desaparezco de mi vida un ratito
y todo comienza a dar vueltas.

Pelea el cristal contra cristales, lucha inédita de pequeños granos de arena, fundidos al calor preciso y condenados a alguna pena...mas pequeña, más grande....

Dan miedo los fantasmas porque son invisibles, porque cuando te quieres dar cuenta estás bajo sus sábanas: frías, solas, tristes y en ninguna parte. Dan miedo porque te ahogan la sonrisa y no se escapa ni con esfuerzos, joden porque contagian y nadie se escapa a su manifiestación. Joden por hacer sentirte enfermo contagiaoso eventual e informal, joden porque son fantasmas, joden porque aún les recuerdo.

Dan miedo porque son insolentes, y a ún se atreven a agarrarme por el cuello, zarandearme, partirme la boca y recordarme lo que vengo siendo.
No duele, pero destroza; no lo ves, ni te está concerniendo.
Ver Comentarios (2) Temes relacionaos: Paranoies 

Escrito por Sumiciu el martes, 8 mayu de 2007

Estaba hasta los huevos de aguantar todas aquellas horas encerrado, el autobús no llegaba y me temía serias perturbaciones a lo largo del camino. Adoptaba mi posición de ausente con lugar reservado en la cola y empezaba a construir mi burbuja típica de aquellos momentos.



Echaba un ojo alrededor, entre el sopor, a la búqueda de novedades. Ella me llamó la atención, en un sillón del coche que estaba esperando en el andén charlando alegremente con una amiga.




No tardó ni un segundo en llamarme la atención, sus gestos delataban una naturalidad desconocida, su sonrisa parecía sincera y en sus movimientos no medía ni un sólo guiño en cuanto quería exteriorizar. No se estaba quieta, se movía como mil demonios, pero despedía un "buen rollo" que no era capaz de ponerme nervioso (a mí, rey de los amasijos de nervios y otras hierbas de comerse crudas).



Había un cristal de por medio, un ambiente distinto y una escena diferente por lo que la conversación, obviamente, me resultaba lejana, ajena y sorda. Pero a simple vista, y a pesar de las dioptrías se hacía entender y me comunicaba más que la macedonia de carteles que hacían de fondo de foto con frases que pretendía persuadirme y engañarme abiertamente con el fin de que tomase el dichoso camino a la caja y depositase en ella los últimos gramos de confianza. Mi preciosa confianza.



Ella sabía, reir, hacerse la sorprendida, llamar la atención, darle un toque de color y movimiento a todo lo que había alrededor. A pesar de no ser un diez de expresión, un cánon isométrico o una pierna demasiado larga.



Mientras yo, colapsado en mi cara de pócker, perdido a nivel de expresión entre la muchedumbre aletargada. Manteniéndome en la mesura correcta que mándan las leyes del buen gusto y la no cooperación personal, luchaba como cada día por mantenerme desapercibido y no exteriorizar. Como aquella inmensa aglomeración de puntos negros, como aquel ejército de soldados sin gusto ni reacción aparente que tomaban cada día las calles en perfecta formación marcial y cabeza baja.



Nosotros, discapacitados para pronunciar una sonrisa sin la menor razón aparente. Nosotros que juzgamos por el discutible don que nos otorga la razón. Nosotros, de cromosomas contados y perfectos...nosotros, todavía tenemos la cara dura de llamarlos subnormales...



Maldita normalidad la que nos atraviesa.

Escrito por Sumiciu el martes, 1 mayu de 2007

Yera intenso, frío y caliente al empar y con un tufu reciente a resaca.



Y yo perdíu, naquella erma caleya enllena xente na que apretaba les piernes colos brazos faciendo nuna versión embarazosa d'un abrazu con migo mesmu. La cabeza daquella, metida nun carrusel, esbarriando, esnidiando y esmurciendose dafechu y ensin facer ruíu per l'alcantariella que topara más a mano.



Ví entós el to nome escritu na puerte del chigre aquel, enfoteme n'esgatuñalu una vuelta y otra vuelta; hasta que vencíu, volví a recoyeme enriba d'aquel fríu con tastu a llábana. Cegábenme les lluces, xelábenme les manes y traicionábenme los pies. Ellí, aseláu per fuera y esmolecíu per dientro, rumiando el restu de les veles marrones que tuve prendío esa nueche y apañando del suelu les uñes que dexara.



Nún despiste, daqué bañao en fueu travesó l'horizonte; rompío darréu les llínies que lu debuxaren como recuerdu inhóspitu de fueyes de cuentos ensin términar que prendíen nel sitiu del cuadru reserváu pa la lluna.



Nun duró una milésima, nun escaleció l'ambiente más qu'ún míseru segundu. Nun esborró los cristales que campaben pela mio cabeza.




Quiciás, a lo menos, tengo el recuerdu prestosu de que faciendo alcordanza el cielu presentose encesu. Otra vuelta, pela sienda los ferviatos máxicos y les herbes maxinaries, a falta llogros, quedábame daquella con semeyes guapes coles que decorar los muros de les llamentaciones postreres.



A falta un llogru, de semar los llabios en tierra, sigo pintando con colores guapos cada cuadru narcóticu. A falta yo poder fundime, va fundise'l misteriu.
Ver Comentarios (5) Temes relacionaos: Paranoies